No nos sigan tirando encima ese muerto tan pesado que es Haití, porque no podemos seguir con esa carga solos mientras la comunidad internacional se hace de la vista gorda y se queda de brazos cruzadas. República Dominicana no puede hacer más de lo que ha hecho por la vecina nación.
La comunidad internacional debe asumir su rol y ponerse al frente en la búsqueda de soluciones viables a corto y mediano plazos a la caótica situación que se vive hoy en Haití, donde delincuentes organizados fuertemente armados hacen de esa nación un lugar invivible.
Está bueno ya de que a la República Dominicana se le quiera culpar o responsabilizar de la precaria situación haitiana, mientras la comunidad internacional principalmente los países ricos no hacen absolutamente nada por resolver la situación.
La estabilidad de Haití sigue siendo una responsabilidad ineludible de las naciones ricas, principalmente Estados Unidos, Canadá y Francia que se han hecho de la vista gorda y han querido sacarle el cuerpo a la engorrosa situación del simulacro de país.
Simulacro de país si porque no se puede llamar de otra forma al desorden generalizado que se vive en ese en ese lugar donde la vida humana vale menos que “pedo de chivo” ante las acciones vandálicas de delincuentes organizados.
Ya está bueno de que sigan tirándole a República Dominicana ese muerto tan pesado mientras las naciones poderosas se hacen las desentendidas y ven como el peligro e inestabilidad de Haití se aguza cada día más.
Cómo es posible que se haya permitido que los delincuentes organizados se hayan apoderado de Haití ante la vista indiferente de las naciones ricas que ven morir a miles de haitianos víctimas de las acciones beligerantes de estos desalmados.
Amnistía Internacional sigue metiendo la cuchara donde no debe y cuando lo hace es para acusar a República Dominicana de una alegada discriminación y supuesta violación de los derechos de los haitianos, que solo ellos creen. Hasta el muro fronterizo para reducir la emigración ilegal ha sido criticado por la entidad.
Por: Luis D. Santamaría
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