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No se puede ser juez  y fiscal al mismo tiempo

No se puede ser juez  y fiscal al mismo tiempo

La historia de la franquicia de béisbol profesional con asiento en San Francisco de Macorís ha estado tan llena de contratiempos, entuertos, manipulaciones y complicidades que dichas circunstancias hacen juego con su camaleónica facilidad para cambiar de identidad y dueños.

Y es que en muy corto tiempo el equipo  de béisbol que esa entidad opera dentro del seno de la Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana, ha sido bautizado con el mote de Potros, Pollos, Gigantes e Indios en una especie de relajo que ha sido beneficiario del tipo de ceguera que la gente de la calle conoce como “la vista gorda”.

Las frecuentes mutaciones han hecho retrotraer mis pensamientos a la época escolar y las clases de historia en las que recitábamos la genial quintilla de Fray Juan Vásquez para narrar las vicisitudes por las cuales atravesaron los pobladores de Santo Domingo hasta llegar a la dominicanidad: “Ayer español nací, a la tarde fui francés, a la noche etíope fui, hoy dicen que soy inglés, no sé qué será de mí”.

Se trata de una maraña difícil de desenredar y de cuya responsabilidad no escapa ninguno de los integrantes del conglomerado de equipos.

No es el momento de asumir posiciones soberbias ni actitudes intolerantes, sino de buscar fórmulas para allanar caminos, dejando a un lado todo tipo de subterfugios cuya única contribución es el empeoramiento de lo que ya es un problema grave.

Desde hace algún tiempo, la Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana viene adoptando decisiones que se alejan de la equidad y, por el contrario, lucen inclinadas en cierto grado hacia el autoritarismo. A mi juicio son manchas que empañan lo que ha sido un eficaz desempeño gerencial que le ha merecido  consecutivas reelecciones a su actual presidente.

La ocasión es propicia para recordar que las funciones del mandatario de los asociados se desdoblan en las de juez y administrador, y que para las primeras se requiere, con una venda puesta en los ojos, seguir la frase de Ulpiano quien definió la justicia como la constante y perpetua voluntad de conceder a cada uno su derecho.

El momento y la situación pues, demanda que el presidente sea sereno y ecuánime, no un emperador que decida la suerte de los súbditos con el movimiento del pulgar.

El Nacional

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