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Nuevo enfoque ONU

Nuevo enfoque  ONU

Jose Manuel Castillo

La ONU, a sus 77 años de existencia aún continúa con notables carencias de respuestas apropiadas a los problemas globales, no solo en temas cruciales para la existencia humana, como es el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales; sino, en el respaldo al desarrollo y la sostenibilidad global. La debilidad de la política de asistencia oficial para el desarrollo, reflejado en el hecho de que salvo honrosas excepciones, la inmensa mayoría de naciones ricas no cumplen con el mandato de aportar el 0,7% de sus productos nacionales brutos, (PNB), para el desarrollo.

Lo que impacta negativamente en la tarea de alcanzar los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenibles, particularmente, en el tema de la reducción del hambre y la pobreza, que en la región se disparó a 230 millones de personas, en el 2021.

Sus agencias especializadas como la OMC, sigue siendo un mecanismo esencial, para equilibrar las asimetrías en el comercio mundial, pero no ha podido asumir temas como el impuesto distorsionado a las exportaciones, donde los países en vías de desarrollo pagan más aranceles por la exportación de productos manufacturados, que por productos primarios, lo que constituye una desmotivación a la industrialización.

No decir de La OMS, cuya imagen se quebró ante la terrible pandemia. Ausencia total de la cooperación internacional en un tema de sobrevivencia de la humanidad. Todo ello, sumado al hecho de que, se han reducido los presupuestos a la UNESCO y FAO. El escenario regional e internacional nos convoca a concretar el sueño de una reforma integral del sistema de la ONU, que bien podría iniciarse con la organización de una conferencia internacional, para la refundación del sistema multilateral, como lo ha planteado el gurú de la diplomacia latinoamericana, Celso Amorim, a fin de garantizar una gobernanza realmente democrática.

Es así, como la complejidad de la división internacional del trabajo emplaza a nuestra región, a pensar en la imperiosa necesidad de completar su dilatado proceso de integración regional, como una alta expresión del multilateralismo. Aspiración que ha tenido su dificultad frente a la implementación en la región de la doctrina Spykman, que ha utilizado exitosamente el principio de Julio Cesar: “Divide y vencerá”, en cuya visión los EEUU ha jugado un rol de supremacía hegemónica.

Sin embargo, actualmente una nueva realidad en el contexto global manda al coloso del norte a repensarse. Por un lado, la nación norteamericana cuenta con una economía que a pesar, de sus extraordinarios avances, y de constituirse post II Guerra Mundial, en la nación más rica del planeta, no ha sido capaz de frenar el auge de la pobreza en su propio territorio, misma que alcanza a no menos de 40 millones de personas. Sumado, al agravante problema inmigratorio exacerbado por la carencia de promoción de desarrollo en América Latina y el Caribe.

Por otro lado, el desarrollo irreversible de China con su ruta de la seda en Europa y África, y su incursión en América Latina y el Caribe; cuyo comercio ya sobrepasa los 300 mil millones de dólares, sumado a la conformación del mayor bloque comercial en el mundo, con naciones asiáticas y oceánicas, sin la inclusión de los EU, con 3 mil 400 millones de personas, el cual abarcará el 30% de la economía mundial.

Por: Jose Manuel Castillo
embajadorcastillo@gmail.com

El Nacional

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