Acabo de leer en la revista Sargasso, de la Universidad de Puerto Rico, en Río Piedras, una excelente entrevista con Junot Díaz, primer premio Pulitzer dominicano, algunas de cuyas respuestas me parecen muy adecuadas frente a la situación de la actual presidencia de Barack Obama.
Dice Junot: Yo creo que el Estado permite cierto nivel de entrada para que la gente no se sienta como que está siendo totalmente bloqueada. Han habido algunos cambios, han sido posible ciertas clases de intervenciones, pero siento que esos Estados están más en guardia ahora contra sus diásporas ( en este caso minorías) que lo que estaban en el pasado. En Dominicana, los diaspóricos han sido exitosamente estigmatizados como delincuentes o vendedores de droga. Enviamos millones de dólares al país, pero somos el problema, no el Estado en falta que no resuelve las necesidades de su gente. Es una exitosa estrategia de divide y vencerás de nuestras élites. Y pienso que esos estereotipos, tienen un poder enorme que dificultan el que alguien de la diáspora pueda actuar productivamente para desafiar productivamente esas hegemonías retrógradas y vociferantes.
Es lo mismo que sucede aquí (USA). Yo no he visto a las élites políticas de los Estados Unidos cederle una pulgada de poder a la comunidad Afroamericana. Claro, tenemos un presidente negro, pero ¿ha cambiado ese hecho la suerte de las comunidades negras en los Estados Unidos siquiera un milímetro? No. ¿Por qué?
Me aventuro a afirmar que porque el poder de los grandes emporios de Estados Unidos trasciende cualquier utopía de cambio. Y es algo que Barack Obama ha tenido que aprender y aceptar, si quiere hasta físicamente sobrevivir su tiempo de gobierno, e idealmente reelegirse.
Que haga un ejercicio de pragmatismo, es atendible, pero que presente la ejecución de Osama Bin Landen como gran victoria contra el terrorismo, sin mencionar el terrorismo de Estado que implicó invadir a Irak bajo una falacia que desmontó la ONU y matar a trescientos mil civiles en un bombardeo masivo en el que murieron cien iraquíes por cada persona que pereció en el ataque del 11 de septiembre, es un insulto a la inteligencia. Y también que haya admitido que la información sobre donde estaba Osama la obtuvieron en Guantánamo, validando las violaciones a los derechos humanos que él mismo condenara, e intentara subsanar cuando, al otro día de inaugurarse, ordenó cerrar esa cárcel, lo cual, a despecho de su orden, no ha sucedido.
¿Nobel de la Paz? ¿Un hombre que se ha dejado arropar por el complejo industrial-militar retomando la guerra en Afganistán, y ahora atacando a Libia? Gajes de ser presidente, diría alguien. Yo diría que gajes de ser minoría en una implacable, blanca e insaciable, estructura de poder.

