En un evidente desafío a las autoridades, en la avenida Lope de Vega casi esquina Rafael Hernández un taller de reparación y mantenimiento de vehículos se apoderó de la acera para realizar sus actividades empresariales y obliga a los transeúntes a caminar por el pavimento, poniendo en peligro su seguridad física. La situación es tan grave que las personas están obligadas a caminar por debajo de los carros que repara el taller, que ocupa casi una cuadra de la vía.
Los transeúntes corren peligro de que caiga sobre su cabeza un hierro que se desprenda de las manos de algún operario, o en el peor de los casos, algún carro. Los propietarios de la empresa, las autoridades y la sociedad capitaleña observan con indiferencia el peligro que corren las personas que transitan por el lugar.
Pero más grave aún es que esa escena se repite en diferentes puntos del Distrito Nacional y la provincia de Santo Domingo, como si los dominicanos vivieran en una selva, donde impera el poder del más fuerte.
Esta ciudad se ha convertido en un taller de mecánica, dijo un transeúnte, haciendo referencia a la gran cantidad de negocios de ese tipo que utilizan los espacios públicos para realizar sus operaciones.
Una patética escena se observa en la carretera Sánchez esquina calle San Gabriel, lugar donde los escolares deben lanzarse al pavimento y competir con los vehículos que circulan por el lugar para llegar a su centro de estudios, porque la acera está repleta de vehículos estacionados y de negocios que exhiben sus mercancías.
Los constantes anuncios de las autoridades y las últimas acciones represivas de las autoridades para rescatar los espacios públicos han sido insuficientes.
Como consecuencia, el tránsito sigue siendo infernal y peligroso en las calles de la capital, mientras los ciudadanos siguen insistiendo en la necesidad de poner correctivos al problema.
No obstante, El Nacional observó que las autoridades están corrigiendo el desorden en el uso de los espacios públicos en la avenida Pedro Henríquez Ureña, en los alrededores de la Plaza de la Cultura.
Varios agentes de la Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet) fueron colocados en la zona para evitar que los automovilistas se estacionen encima de las aceras y en lugares donde las señales de tránsito lo prohíben.
Tan pronto un conductor hace el intento de estacionarse en lugares prohibidos llega un agente de la Amet para impedirlo.
La medida facilita que automovilistas y peatones transiten con más holgura y quita el aspecto de arrabal que imperaba en esa zona, una de las más visitadas de la capital, por la gran cantidad de instituciones estatales y privadas que allí operan.

