Oh PLD, cuántas bellaquerías en tu pulcro e histórico nombre!; cuán degradado tu consagrado desempeño frustrado y derrumbado de su altar por la avaricia de una corrupción sin freno y los deseos inmoderados de poder de la generación más voraz de vividores.
Dispendios desvergonzados, lucros personales escandalosos…, el desprestigio nunca ha sido tan grande como hoy, y sólo lo han comprendido cuando comenzaron a salir de la madriguera palaciega.
Una organización política tan bien calibrada por el genio político de Juan Bosch, que trató de diferenciarlo del partido tradicional por el de votante crítico buscando una renovación del liderazgo, pero han terminado en la mediocridad, no conectan ni transmiten ya con la sociedad.
He así como han transmutado a Partido Laboral Danilista (no laborista, que sería darle una notación de izquierda), todo un reducto de empleados o de relación laboral con el nuevo dueño que le ha llevado a la degradación y la visceralidad del personalismo y a un poder de seducción montado en la malicia política, la pedantería y la prepotencia, verdaderos demonios que provocaron la división.
Pero su “guía” está satisfecho de sus fórmulas políticas propias de la fuente envenenada en que bebió, para montar el psicodrama del conflicto fratricida. La piel partidaria hoy luce cuarteada y vieja y su cúpula en crisis de identidad. Ensimismada en preservar canonjías e intereses particulares y han repetido como farsa ridícula su desencuentro con el partidismo más atrasado.
No aprendieron de la Historia y han caído en los peores errores. Hoy están en horas bajas como una suerte de castigo. Arrastran las cadenas y no puede ser más tétrico y lúgubre; la luz de su estrella se apagó y se proyectan sombras en un camino poblado de los más negros presagios.
Por: Manuel Fermín
mfermindilone@gmail.com

