Opinión

¡Para entenderlos!

¡Para entenderlos!

Una parte importante de los hombres y mujeres que dedicaron los últimos treinta años de militancia política en el PRD poseen las horas de servicio suficientes para merecerse el respeto de la generación emergente. Sin excesos, ni estridencias se hace indispensable ambientar espacios de participación propios de ciudadanos y ciudadanas aptos para los consejos inteligentes.

No soy de los que confunde renovación y modernización con desplazamiento puro y simple de todo lo asociado al pasado. Creo que las ideas no tienen edad. Ahora bien, reconozco que los cambios experimentados en la sociedad obligan al diseño de un modelo partidario que no encaja en los esquemas de un sector representativo del tradicional liderazgo del PRD.

Mucha gente que llenó de gloria al partido blanco debe de entender que, no es prudente, mantener retrancado los anhelos de cambios y reformas apelando a la cultura de los pactos y entendimientos capaces de abrir períodos de durabilidad para el chantaje y manipulaciones que sirvieron de garantía de ascenso en épocas superadas.

El peor error de un hombre público radica en no tener sentido de cuando los vientos soplan en vía contraria. Lamentablemente, dentro de la cultura perredeista existen exponentes que pretenden mantenerse en el globo de las posibilidades impulsando candidaturas internas capaces de garantizar espacios municipales y congresionales sin cumplir con los procedimientos democráticos. Respaldo ahora, para imposiciones futuras. ¡Qué penoso!

En el fondo, el grave problema de la democracia partidaria radica en la ausencia de un verdadero compromiso de algunos demócratas. Todavía hoy, a escasos meses de la convención, existen expresiones del añejo liderazgo que anda allanando todos los caminos para que el pacto sustituya la voluntad de la mayoría. Y eso sería el peor de los errores.

Afortunadamente, un sector llamado a tener mayor responsabilidad institucional dentro del nuevo ordenamiento partidario debe hacer un ejercicio inteligente para comprender el contexto y tránsito final de una generación que llegó a la vida pública con un alto sentido del compromiso y no pudo cristalizar sus sueños de redención por la permanencia de figuras capaces de perpetuarse por largos años en la escena pública. El resto de sus exponentes anda amargado ante la no cristalización de sus proyectos, y en la ruta final, pretende cerrar el paso a todo lo que emerge con talentos y condiciones excepcionales, pero incapaz de pactar con enviejo ordenamiento y exponentes que, no se despojan del hábito, de negociarlo todo.

Los perredeístas con sentido de racionalidad debemos entender que una parte de la nación nos observa con ojo crítico y espera que los compromisos institucionales futuros no sirvan para reproducir prácticas del pasado. En el intento, debemos comprender a gente que, imposibilitados de ser, exhiben endosos con la clara intención de extender expresiones que se parezcan a las anacrónicas ideas de voceros que cuando salen de su larga pasividad nos reafirman la noción de la no factibilidad de avanzar hacia el porvenir con viejos bueyes.

Tiempo tendremos. En el interregno, resulta lógico mirarnos en el espejo para que si la divina providencia nos permite muchos años de vida, no terminar en las patas de reclamos salariales indecorosos, lealtades coyunturales orientadas por pactos mercuriales y reducción de una fuerza que sólo creció por la nómina del potencial aspirante.

¡Gracias a Dios! Me queda más futuro que “su presente”.

El Nacional

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