Cuentan que en sociedades antiguas los portadores de malas noticias eran aniquilados, pero en el prototipo de la modernidad como es Estados Unidos, el periodismo se rige con la máxima de que «Good New, no new», noticia buena no es noticia.
Solamente tenemos razón de un neurocientífico que le ha salido al frente al eso, al sostener que, si el mundo se hubiese dirigido por los parámetros de las noticias, la humanidad no estuviese en el lugar en que se encuentra hoy, ya que no ha sido el pesimismo, sino el optimismo que ha impulsado el hombre hacia adelante.
En una biografía de Carlos Marx se le atribuye sostener que el hombre cuando actúa en sociedad lo hace con solemnidad, pero que ese mismo hombre en su vida íntima se degrada.
Dante en la Divina Comedia narra que cuando el hombre se levanta de su cama en la mañana y mira hacia la misma, se avergüenza como la ha dejado, como un revolcadero de burros, en desorden total.
Los periódicos estadounidenses no solamente heredaron de los ingleses el idioma, sino también el sensacionalismo periodístico basado en las vidas íntimas de los gobernantes y de los famosos. Han tenido las mayores ventas con esa práctica informativa.
La misma se ha puesto de manifiesto en estos días ante el divorcio de Bill Gates y su esposa Melinda Gates, cuando el periodismo ha hecho referencia de que apegadamente el fundador de Microsoft se pasaba los fines de semana con un ex novia con consentimiento de Melinda, que estuvo enamorado de algunas subalternas en la empresa y que en las reuniones hacía poco caso a su otra mitad.
El paradigma de Bill Gates no puede ser ensuciado por el sensacionalismo periodístico que quiere pintarlo de mujeriego para vender, ya que “Nada humano le es ajeno» a ningún hombre ni a ninguna mujer.
Por: Rafael Grullón
pulsodelasemana@yahoo.co

