Había una vez un paraíso en el que los únicos habitantes vivían felices y contentos. Un buen día se le apareció una serpiente y convenció a la del género para que probara el fruto prohibido. Con la capacidad de convencer, Eva, que así se llamaba, logró el consenso para que junto a Adán, el otro habitante celestial, comieran del exquisito manjar.
Así, de golpe, desapareció el paraíso lo que hizo que de ahí en adelante la vida terrena se convirtiera en la búsqueda eterna del paraíso perdido, de la felicidad y de la prosperidad. Cuenta la tradición que a partir de ese momento el trabajo se convirtió en castigo de los hombres, por supuesto, también de las mujeres.
Pero como siempre sucede, algunas naciones encontraron la fórmula para su paraíso terrenal y decidieron ser felices a través de un régimen que les permitiera disfrutar de la alegría de vivir sin tener que sufrir los castigos celestiales. Le llaman los paraísos fiscales. Esta estructura internacional le permite a la élite evadir impuestos, es utilizada por criminales y también para el financiamiento del terrorismo.
Pero resulta que ahora, una vez más, les llega su serpiente y su Eva. En el 2000, el Foro de Estabilidad Financiera (FIF), el Grupo de Acción Financiera (GAFI) y la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) le advirtieron que su feliz eternidad está en los cielos y no en la tierra y que para obtenerla tenían que sufrir el castigo terrenal.. En esa ocasión fueron conminados a que cooperaran para realizar los cambios necesarios en sus sistemas fiscales o de lo contrario serían posiblemente sancionados
Pero, como de buenas intenciones está lleno el camino hasta el infierno, por la confianza en las buenas intenciones de los que mandan en esos paraísos, les dieron un plazo para que cumplieran con las normas. Esas posibilidades de sanción se toparon con el argumento de que el diseño de sus políticas fiscales es parte de su soberanía. Un buen ejemplo. En el principado de Liechtenstein, con un área de 160 km, sus 35 mil habitantes disfrutan de un ingreso per cápita de 118 mil dólares. El más alto del mundo.
Hoy, el tema de los felices habitantes de los paraísos vuelve a escena. Francia y Alemania solicitarán al G-20 que ponga fin a convenios con paraísos fiscales o jurisdicciones no cooperativas en materia fiscal, de vigilancia y de lavado. Dice la ministra francesa de Economía, Christine Lagarde que la idea es que para la Cumbre del G-20, el 2 de abril, se tenga criterios y listas de países que no siguen las reglas. Su homólogo alemán afirma que se trata de que ningún actor, mercado o producto podrá escapar a la regulación y a la supervisión. (Aún no se sabe si en la lista de productos incluirían las drogas ilegales).
El flamante y nuevo presidente USA no se ha quedado atrás, El secretario del Tesoro, Timothy Geithner aseguró ante el Comité Financiero del Senado que Estados Unidos diseñará un ambicioso plan para combatir estas prácticas tributarias dañinas.
Según la OCDE estos paraísos fiscales acumulan el 13% del PBI mundial y según la organización independiente Tax Justice Network, estos paraísos superan los 250 mil millones de dólares al año. ¿Será el G-20 la serpiente y la Eva de los paraísos terrenales?
v.yanguela@codetel.net.do

