Opinión

Payasitas sin infancia

Payasitas sin infancia

Llegue a Acrópolis bajo un aguacero. Estaban adornando el Centro para Navidad y había una gran expectativa infantil. Docenas de madres señalaban cada uno de los adornos a sus vástagos, ignorando que apenas a unos metros, en la salita de teatro del “mall” la gran actriz Ruth Emeterio estaban montando su musical “Una payasita con valores”.

Curioso como las clases se perpetuán. En un lado niños blancos, con sus blancas madres, comprando juguetes y helados, y en otro niños y niñas venidos de la extrema pobreza, cantando, bailando y hablando de los valores fundamentales del ser humano: el amor, la generosidad, el respeto a los padres, el cuidado del medio ambiente, la fraternidad entre compañeritos con una payasita que era la antítesis de todo lo que ellos trataban de fomentar entre todos los niños y niñas del país.

Las voces eran potentes, tan maravillosas, que estaba convencida de que eran dobladas, pero no, ¡eran las voces de los niños y niñas! En la danza, fue una ternura ver a Edward Brazobán, en el papel de barrendero, en una coreografía con escobas, barriendo la ciudad y dignificando el papel de quienes se aseguran de que nuestras calles amanezcan limpias.

Sus esfuerzos porque aprendiéramos a clasificar la basura, en plásticos, metales, materiales orgánicos, un esfuerzo innovador e inédito.
Solo me decía: Dios mío, ¡aquí debería estar el síndico de la capital en primera fila!, para que constate como se transmiten los valores de buena ciudadanía con tan pocos recursos, sin otro capital que la infancia dominicana, la que vive bajo los puentes, a orillas del Ozama, en los Girasoles, en Villas Agrícolas, en Guachapita.

Afuera, los padres de estos niños, mecánicos, obreros, autodescalificándose por no estar “bien vestidos” para entrar a ese monumento a la clase media que son los “Malls”. Al salir y verlos en sus motocicletas quería darles un abrazo, !felicitarlos! Ellos luchan a brazo partido para que la droga no les malogre a sus niños, para que a sus niñas no las embaracen a los doce o trece años.

Las voces de Mariagel Martínez (quien será una soprano de primera si logra sobrevivir), y Desiré Nivar, de Bella Sánchez, me sacaron de mis cavilaciones. ¡Dios mío! ¡Cuanto talento! Y Eric Enmanuel Nivar Ozuna, me humedeció los ojos con sus esfuerzos por superar su trabalenguas, e inocencia en el baile, y actuación.

Gracias Ruth y Cándido por este rescate de la belleza en medio del lodazal de un país donde hay tanto que hacer y nuestros políticos se la pasan agrediéndose entre sí, desperdiciando recursos vitales con una propaganda electoral que solo sirve para techar o cubrir paredes en las casuchas de nuestras barriadas.

El Nacional

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