Opinión

Peces y gaviotas del PLD

Peces y  gaviotas del PLD

Varios comentaristas del clásico cuento, La dama del perrito (Antón Chejov, 1899), afirman que el mismo es una alegoría si se toma en cuenta el contexto histórico-político cuando se publicó. Y la verdad es que lo que él llamó la “acción indirecta” de su voz, se convirtió en la descripción del realismo sociopolítico de su época.
En ese cuento, Chejov reflexiona: “Hay mujeres despreocupadas y benévolas; alegres con el amor y agradecidas con la dicha recibida. Pero también hay otras sin sinceridad. Otras son bellas y frías, con deseo más de arruinar a la vida que lo que de ellas se espera”.
Se cree que el cuentista sustituye en su escenario a la acción política por la turbación, inquina, amor, agravios, celos, enfado y desengaño que solo la mujer trae con un solo hormazo. Y el largo y doloroso periodo de chismes, quiquilla, intrigas, inquietudes, polvorines, agravios y cientos de expresiones pirofóricas que ocurrieron en el PLD, llevaron a nuestro partido a la misma puerta del infierno de la división, aunque todavía, según algunos de los acomodados sobre mullidos sillones del Comité Político, la guerra en Troya continúa porque según dejan entrever, tiene que ser total y definitiva, sin armisticio: los erigidos “mayoritarios” disfrutarían el éxtasis de la victoria sobre los “minoritarios”, sin abrazos ni ternuras de ninguna índole para los “vencidos”. Parecen preferir que siga desbordado el río de la discordia.
¿Por qué hay gente en la cúpula del PLD que prefiere pecar más por exceso que por receso? Sencillamente, porque como esos compañeros sometieron a nuestra organización a un proceso de vaciado de su identidad, y dado que el sentido de identidad de una persona o el de un partido político tiene dos componentes, a saber, la “identificación” y la “diferenciación”, pues al perderse ambas cosas, era lógico que sufriéramos el vértigo de una incalculable incertidumbre producto de todo el chismerío y lengüeterías generados a partir del nacimiento de dos bandos.
Sin embargo, al final surgió una verdad singular que a mí, particularmente, me dolió porque hasta ese momento era de los bobos que creía que lo que pasaba en el partido era solo asunto de que muchos compañeros congresistas y altos funcionarios del Estado estimulaban al presidente para que se tirara al oscuro y cenagoso fondo del océano político a buscar una nueva repostulación, a pesar de su compromiso de no hacerlo, pero solo porque aquellos querían asegurarse sus curules y sus cargos.
Mi desengaño ha sido como un doloroso bubón que a uno le sale en la ingle derecha: los compañeros imputados de “danilistas” fueron afrontados sin un chin de serenidad, y a los que fueron segregados como compañeros “leonelistas”, los convirtieron en “faramalleros”, en “judíos errantes”, en “falsos” peledeistas, en gente semejante a curas simoniacos, en fin, en los leprosos del PLD, y “en menos de lo que canta un gallo” fuimos bautizados con el mote de ‘minoritarios.’
El poder es invisible. Vive entregado a sus tareas sin distracción ni sosiego. Pero que un grupo lo alcance, mantenga o retenga depende en gran medida de cómo los líderes logran determinadas relaciones con los individuos que integran el grupo. Hoy sería imposible que algún líder en el PLD haga cumplir los rituales de comportamiento que logró imponer su fundador. Pues en la medida en que una sociedad va modificando sus rasgos básicos de identificación y diferenciación, en igual proporción lo hacen los grupos y los individuos.
Por eso, nadie debe sorprenderse de que el comportamiento del PLD actual sea tan distinto del que tuvimos en la década de los noventas. Bosch logró que el partido fuera ‘diferenciado’, pero la sociedad dominicana de hoy está afectada por el mismo rasgo de neuroticismo que afecta a las sociedades occidentales. Y los individuos y partidos afectados de neuroticismo, al perder su identidad y su diferenciación, interiorizan como rasgo la suspicacia, el recelo y éstos corroen los cimientos de sus antiguas creencias y conductas.
Sé que el ser humano no podría ser coherente, sensible y racional todo el tiempo, pero a pesar de que el filósofo rumano, Emilio Cioran, dijera que es imposible pretender una convivencia entre peces y gaviotas porque el pez jamás volaría y la gaviota nunca haría su nido en el mar, pues en el PLD esa convivencia hay que hacerla real puesto que los llamados “minoritarios” y los autodesignados “mayoritarios” tenemos el deber de retener el poder en el 2020. Para ello, el olvido y perdón mutuo de los agravios entre compañeros es vital para la renovación y una nueva victoria.
Ah, “no nos hagamos tarugos”, si un líder no va, el otro líder es Leonel.

El Nacional

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