Continúan los escándalos sexuales en la Iglesia católica, pero a diferencia del caso del ex nuncio Wesolowski, esta vez, la Arquidiócesis de Santo Domingo emitió un comunicado condenando el hecho, defenestrando al cura homicida y declarando su solidaridad con la familia.
Solo faltó exhortar a la población para que denuncien a las autoridades civiles, cuando sospechen o sean agredidos por uno de sus miembros.
La cultura del silencio aplicada por los obispos y cardenales para encubrir los delitos de los sacerdotes, no tiene cabida en la era de las comunicaciones.
En el año 2014, «El Comité de Naciones Unidas para la Protección del Niño», condenó la política de la iglesia de trasladar de parroquia a los sospechosos o conocidos pederastas, solicitó además revisión de los concordatos por dar cabida al encubrimiento.
La iglesia se caracteriza por no ejercer disciplina sobre los miembros y a pesar de que el Papa Francisco, anunció «mano dura» contra los imputados por esta lacra, aun permanecen las violaciones.
La comisión encargada de investigar sobre estos hechos y depurar las responsabilidades pertinentes, refiere no ha contado con todos los medios y libertad que demandaban, provocando la renuncia de algunos de sus miembros.
Los últimos escándalos parten por el embajador del Papa en España, por ignorar completamente una denuncia por abusos sexuales y contra el responsable de finanzas, Cardenal George Pell (tercero en el mando) imputado por pederastia.
También se han abierto las investigaciones por abusos a por los menos 547 niños del famoso coro católico alemán de Ratisbona y donde está implicado Georg Ratzinger, hermano del papa emérito Benedicto XVI.
Los abusos sexuales han erosionado la imagen y credibilidad de la Iglesia Católica en todo el mundo, y la República Dominicana no ha sido la excepción.
Ojalá que este horrendo crimen nos sirva para eliminar los irritantes privilegios contenidos en un infame concordato, que se erige con postulados por encima de las leyes y nuestra constitución.

