Las personas en situación de calle constituyen grupos marginados y discriminados de la sociedad, que han existido a través de los tiempos y prácticamente en todo el mundo. Nuestro país no es la excepción de esta realidad. ¿Pero qué pasa con esas personas en tiempo de pandemia, como estamos viviendo hoy en día? ¿Serán ellos los más vulnerables a ser contagiados? ¿Existen algunas políticas públicas que vayan en beneficio de esa población?.
Nos preocupa que cada vez hay más población contagiada. Antes era el conocido del amigo. Luego el amigo del amigo. Ahora es la familia.
Es evidente que el tema de las personas en situación de calle es un tema complejo, difícil de categorizar y clasificar, y al parecer a nadie le importa, pues está compuesta de una población tan heterogénea, por lo que se debe tener mucho cuidado al emitir algún tipo de generalización.
Lo que sí podemos afirmar, es que en su gran mayoría se trata de una “clase marginada” y que no se adapta a los preceptos de la sociedad, no existen políticas públicas clara que contribuyan a que las personas en situación de calle puedan integrarse de manera digna a la sociedad.
En ese sentido conocí la historia de Rafael, tiene 54 años, vive de lo que las personas le dan o por ende de lo que logra vender con lo que recoge en las calles y los basureros, no tiene un hogar seguro donde cobijarse, duerme donde le coja la noche, con una ropa un tanto descuidada y un cubreboca en mal estado que según me cuenta se encontró en uno de los basureros de la ciudad de Santo Domingo,
Rafael está consciente de la situación que está viviendo el mundo en relación con la pandemia del covid-19, sin embargo a él no le preocupa para nada, en cambio sí cree en el virus, sólo que tiene todas las probabilidades en su contra, él sabe que a la gente que se encuentran en su condición que vive en la calle, los incrédulos del covid-19 suelen tomarla como referencia.
Me dice que no es alcohólico, aunque de vez en cuando se da uno que otros traguitos y cuando consigue algún dinerito también se da su pase, (refiriéndose a otras sustancias), me manifiesta, que está muy consciente de que la enfermedad existe; hay veces que se asusta, pero que además no tiene a dónde ir, -al tiempo de que se arregla su cubrebocas en mal estado, y mal puesto-.
Le pregunté por qué cree que no se ha contagiado del virus, -se quita el cubrebocas con la intención de que vea la risa que le ha dado la tonta pregunta-, pero lo que veo es un rostro que define la precariedad por la que atraviesa.
Por: Pablo Vicente

