La torpeza política del PRD es legendaria. Padece un vicio terrible: La imposibilidad de arribar a acuerdos internos que lo proyecten como institución, no como un cúmulo de intereses, donde cada quien lucha por su conveniencia, en desmedro de la organización.
Ese mal le ha perseguido desde su fundación y ha sido la causa de que su efectividad como oposición y gobierno, haya dejado tanto que desear. De eso se benefician sus competidores.
El PLD ha demostrado mayor capacidad de manejar sus diferencias públicas y proyecta una imagen de cuerpo monolítico empujando en una misma dirección. Que en esencia eso no sea así es harina de otro costal. En lo inmediato, lo trascendente es la percepción que de uno y otro tiene la población, saliendo mal parado el PRD de esa comparación inevitable. A eso, entre otras cosas, apuesta el PLD para continuar derrotándolo.
El PLD y sus estrategas, encabezados por su presidente, no dejan nada a la improvisación y, en ese sentido, se trata de una apuesta que están trabajando con meticulosidad, de tal manera que los niveles de riesgo sean reducidos al mínimo y las posibilidades de ganarla se incrementen. El pobre PRD, víctima de la minusvalía que lo aniquila, no se percata de la encerrona fatal que le han tendido.
La estrategia primordial del PLD consiste en intervenir en el proceso de selección del candidato del PRD. Pero no como lo visualizan sectores del perredeísmo, en el sentido de preferir uno u otro. De lo que se trata es de sentar las bases para que la jornada por la nominación no sea unilateral y que se lleve a cabo en un clima competitivo y, como es previsible, aflore, con todo su poder destructivo, la ineptitud del PRD para ponerse de acuerdo.
Nadie dude de que el PLD, con sus poderosas influencias fácticas, está detrás del ascenso de popularidad que ha experimentado Hipólito Mejía. ¿Porque lo prefiere como rival? No, porque si las cosas están de un solo lado, se corre el riesgo de que el PRD se integre en torno a un candidato, con el perjuicio que eso derivaría para el PLD.
El primer objetivo está logrado. Hoy, la competencia está cerrada. Eso plantea un escenario que desborda al PRD. Sus disputas no tardarán en surgir y, una vez más, el monstruo de la división permitirá que su adversario se cuele con el santo y la limosna.

