Opinión

¡Por fin! Evangelina

¡Por fin! Evangelina

Pocos entendieron el poder de la Virgen de la Altagracia como Andrea Evangelina Rodríguez Perozo. Es en ella en quien se apoya en los días en que las torturas rompieron el fino cristal de su inteligencia, y las piedras y el hambre minaron su frágil contextura de niña huérfana vendedora de gofios, estudiante brillante y mujer que desafío una Facultad elitista como era la de Medicina, para convertirse en la primera médico dominicana.

Por eso, siempre que montamos a Evangelina oramos en grupo a la Virgen de la Altagracia y ya en la Basílica le encendemos su velón. Ese velón y las flores blancas y amarillas que llenan el camerino impiden el mal de ojo, ese que rompe espejos y provoca sangrados inesperados, o inesperados malentendidos con personas e instituciones con la cuales nunca las hubiésemos imaginado.

Gracias a esa protección y sus instrumentos, en este caso el Dr. Camarena y su amabilísima esposa, pudimos llegar a Higüey y presentarnos en ocho canales de televisión, un récord en día y medio, para que el pueblo de la provincia la Altagracia y el municipio de San Rafael de Yuma, se enteraran de que había llegado la obra de teatro Andrea Evangelina y la estábamos presentando gratis, con el auspicio de la Fundación Punta Cana y muy especialmente de su presidente Paul Beswick, en el Auditorio Regional de la UASD en Higuey.

Ya en la mañanita habíamos visitado la Basílica y conversando con Evangelina, ese espíritu atormentado al cual hemos dado a conocer en Santo Domingo (con el auspicio de la Embajada de Francia); en Santiago, con el auspicio de Centro León; en Bani, con el apoyo del Centro Perelló y en La Habana, con el auspicio de Casa de las Américas, a casa llena en la Sala Che Guevara.

¡Ya estamos en tu patria chica Evangelina! ¡Ya inauguraron otra Maternidad con tu nombre, esta vez en tu pueblecito natal, San Rafael de Yuma. Creo que hemos ya cumplido contigo. Envíanos un poco de lluvia con un arcoíris para estar seguros de que estas por fin en paz y por fin contenta, para ponernos nosotros en paz.

Y no era enero, ni mayo, pero en un trillo del Batey Cacata nos pareció ver una peregrina danzando. Y lluvia hubo y un poco de arcoíris, y heme aquí declarándome ya en paz y rebosante de alegría, por la multitud que asistió, por la maravillosa actuación de Ruth (una vez más!) y el apoyo de Santiago y Cándido y un recién reclutado miembro para el teatro: el buen Pascual, quien nos hizo reír todo el camino con sus cuentos.

¡Descansa en paz Evangelina!

El Nacional

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