Desde que tengo uso de razón escucho decir que una persona es seria por el simple hecho de pertenecer a una iglesia católica o evangélica. “Doña Joaquina es cristiana, por lo que se trata de una señora honesta.”
La experiencia, sin embargo, indica que es una falsa tesis, pues ninguna creencia religiosa o política garantiza una conducta decente o de apego a la ética. Más que las palabras y las poses son los hechos los que definen a un ser humano en término moral.
En los tiempos de Trujillo, matones, calieses y políticos corruptos acudían a misa los domingos en la mañana para que los vean y así ofertar una imagen que dista enormemente de la realidad. Esa práctica continuó en los doce años de Balaguer y se mantiene vigente hoy día. Todo el que quiere ver a narcotraficantes, militares ladrones y criminales y políticos sinvergüenzas sólo tiene que ir a misa a una de las parroquias católicas tradicionales.
Los propios párrocos no son ejemplos de seriedad. ¿Y se pueden obviar acaso todos los escándalos inherentes a violaciones de niños, niñas y adolescentes? Esos escándalos también han involucrado a líderes de otras iglesias, en las que hay menos controles, porque a cualquier delincuente ratero le surge la idea de engancharse a pastor.
Recuerdo que en las décadas de los 70 y 80 a los jóvenes que militaban en el PLD se les atribuía formación política y ser muy serios.
Lo primero era cierto, porque Bosch impuso los círculos de estudios, pero lo segundo no dejó de ser una simple pose, pues una vez tuvieron la oportunidad de ocupar cargos públicos, como en efecto ocurrió a partir de 1996, demostraron su real conducta moral. Muy pocos pasaron la prueba.
Dijo Mahatma Gandhi que “la honestidad es incompatible con amasar una fortuna.” Si esa fortuna está basada en el trabajo de muchos años, como ocurre con algunos empresarios, no percibo nada malo. Malo es cuando ese dinero se le sustrae al contribuyente desde un órgano del Estado o proviene de operaciones ilícitas del bajo mundo.
Pero estamos en un país donde mucha gente construye imagen favorable en base a poses y a dinero, dinero del Estado y de actividades sucias, invertido en publicidad en su figura.

