El escenario económico actual, es una inevitable ruptura con el pasado y se puede afirmar que, justo en esta Navidad, se vive un tiempo de compras frenéticas.
Las personas cambian sus hábitos con rapidez. En otros casos, están en estado de alerta constante. Leen, escuchan o miran lo que sea que esté disponible en el mercado. La gente está convencida de que los políticos y los burócratas usan todo a su alcance para influir en los demás, o intentan ocultar la crisis múltiple de la economía.
Es imposible responder de manera puntual mediante el mecanismo de pedir dinero prestado del futuro con el objetivo de inflar de manera artificial una economía realmente maltrecha. Esta no se encuentra en un solo país, ¡no!, es el mundo que experimenta, una transformación extraordinaria. Estoy seguro de que las manos invisibles de Dios pondrán las cosas en su lugar.
No admito que estemos en una etapa en que seamos capaces de establecer un modelo matemático que pueda resolver las situaciones que nos afectan en estos momentos. Existen suficientes variables y fuerzas en acción, muchas de las cuales ni siquiera están documentadas con estadísticas creíbles. Sin embargo, esta experiencia debe impulsarnos a explorar nuevas formas.
Hoy, los seres humanos somos desplazados, en una gama creciente de actividades, por los robots y la automatización. Así, la tecnología ha cambiado las percepciones del mundo que habitamos, como un desafíoó al tiempo.
Asistimos a una educación en economía que aún gira en torno a los marcos donde están encapsulados los viejos paradigmas. El tiempo no se detiene para nadie. Hay que confiar en educar, y dar forma a una nueva visión del universo que se aproxima, este en un proceso especifico de cada individuo sin olvidar que todos, absolutamente todos somos un equipo.

