Para estos días de crisis económica internacional los ciudadanos del mundo están siendo bombardeados por una profusa difusión de términos financieros que tienden a sembrar no tanto inquietudes como preocupaciones.
En efecto, expresiones tales como activos tóxicos, apancalamiento, blindaje, derivados financieros, bolsas de valores, índice Dow Jones, Wall Street y burbuja inmobiliaria, entre otras, han copado los medios informativos de todos los países del globo terráqueo.
Y es comprensible que muchas personas estén mostrando mucho interés por conocer la marcha de los acontecimientos económicos que en estos momentos se está reflejando más en la esfera de la circulación monetaria.
Los bancos y demás entidades financieras son los actores protagónicos de las turbulencias que agobian el comportamiento de los flujos internacionales de capitales. Pero los clientes de estas instituciones (desde los gobiernos centrales, pasando por las empresas y llegando hasta los simples consumidores y deudores) son los sujetos reales de la crisis.
Las restricciones a los créditos, el alza en las tasas de interés (que expresa el costo del dinero) y el incremento de las acciones judiciales por parte de los acreedores colocan a los deudores o los tenedores de bonos o acciones, para sólo citar algunos ejemplos, en una situación de evidente nerviosismo.
Propicia es la ocasión para rescatar del olvido histórico una frase pronunciada por Benjamín Franklin (1706-1790), político y científico estadounidense, la cual adquiere vigencia en los momentos actuales: Si quieres conocer el valor del dinero, anda y prueba a tomarlo en préstamo.
Claro, sin créditos, sin préstamos, la economía mundial contemporánea no podría menos que colapsar. Las actividades productivas, comerciales y financieras requieren de liquidez (dinero en circulación).
La escasez de dinero en manos de las instituciones financieras y de los consumidores se ha dejado sentir en las economías desarrolladas.
En tiempo de crisis económica crece el desempleo. Y en un país como Estados Unidos, donde las dos terceras partes del producto interno bruto (PIB) lo aporta el consumo, el dinero en poder del público está brillando por su ausencia.
La crisis económica que ya se deja sentir a escala planetaria tendrá un impacto real sobre los países pobres, pero hay que cuidarse de arribar a conclusiones mecanicistas. Cada economía tiene sus características. El impacto de la crisis no será igual en todos los países.
De ahí la importancia de alimentar la conciencia social de los ciudadanos mediante el uso correcto, sencillo y práctico de los conceptos económicos.
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