Todo apunta a un resurgir de las quiebras bancarias en las economías desarrolladas, especialmente en la Europa Unida, hablándose ya de una fragmentación de la Eurozona que obligaría a las economías más frágiles a retomar sus propias monedas.
Pero a pesar de las señales que preludian la ruptura de la Eurozona y la formación de un pretendido Club de los fuertes que sería integrado por las economías más estables de la Unión Europea, se levantan voces optimistas que sostienen que la actual coyuntura de turbulencias monetario-financieras será superada.
Se recordará que durante la Gran Recesión (2008-2009) se escuchó decir a Paul Volcker, quien fuera presidente de la Reserva Federal (FED) durante los gobiernos de Jimmy Carter y Ronald Reagan advirtió que la Unión Europea tenía el gran problema de una potencial desintegración del euro,
Hay quienes hablan ya de los estertores de muerte del sistema financiero de la zona euro. Francia podría perder su categoría AAA en sus bonos soberanos otorgada por las controversiales y nada confiables empresas calificadoras de riesgo de factura norteamericana, tales como la Moody´s, Fitch y la Standard & Poor´s.
Si la pérdida en la calificación en la deuda soberana francesa se produjese antes de que muera el 2011, el aumento del Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF) a un billón de euros podría encontrar serias dificultades para conformarse, pues inversores internacionales y gobiernos que adquieren bonos soberanos en los mercados bursátiles (por ejemplo, China) reforzarían su desconfianza ante el futuro de la zona euro.
Y como los especuladores financieros se siguen moviendo a su antojo por los canales de las bolsas de valores del mundo no hay que descartar que estén apostando a una pérdida de credibilidad y confianza en las actuaciones de políticas públicas de los gobiernos francés y alemán, lo cual sería el jaque mate para la persistencia de la Eurozona.
Lo cierto es que los gobiernos de Francia, con Nicholas Sarkozy al frente, y de Alemania, presidido por Angela Merkel, también se encuentran en medio del torbellino financiero desatado a raíz del fuerte endeudamiento público de Grecia, Portugal e Italia.
En Italia la crisis económica puso de rodillas al gobierno de Silvio Berlusconi, quien se ha visto obligado a dimitir ante el agravamiento de la situación económica italiana que está generando una creciente agitación social ante el aumento del desempleo y los recortes financieros a programas de salud y educación.
No debe extrañar la posición de Paul Krugman, Premio Nobel de Economía 2008, cuando aconseja a los europeos poner a trabajar la máquina de imprimir dinero del Banco Central Europeo y comprar tanta deuda italiana como sea necesario para atajar la crisis de la zona del euro. Porque ocurre que Italia es la séptima economía del mundo.
Krugman subraya que los países de la zona euro y el Banco Central Europeo (BCE) se ven inevitablemente abocados a evitar la peor opción posible: la salida de Italia de la zona euro y un asalto en masa de los italianos a los bancos.
Los sacudimientos telúricos dentro de la geografía económica europea siembran incertidumbre y desconfianza en lo relativo a la vigencia de la Eurozona, por lo que se hace necesario dar seguimiento al actual momento económico mundial.
