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Presencia económica

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FMI: ¿nuevos tiempos?
Fuerte era el dolor de cabeza que se apoderó de Dominique,  director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), cuando en noviembre del 2007 tomó conocimiento de la grave crisis económica que afectaba a la entidad.

 En efecto, el gerente francés del FMI (porque siempre, a la luz de los acuerdos de Bretton Woods/1945, el jefe de la entidad tiene que ser necesariamente un ciudadano europeo) observó que tendría bajo su responsabilidad  una burocracia integrada por       2 mil 600 empleados.

 El Fondo estaba operando desde hacía cierto tiempo con un déficit presupuestal debido, entre otras causas, a que estaba perdiendo clientes en el litoral de los países subdesarrollados. Argentina, Brasil y Venezuela, entre otras economías de la región, habían decidido no tocar sus puertas en solicitud de nuevos préstamos.

 Durante el período 1980-1986 el FMI tuvo que despedir a unos 106 técnicos y trabajadores administrativos.

 Pero ya la gerencia había anunciado que para el 2010 se tendría que despedir a no menos de 390 empleados y se operaba con un déficit que para el 2010 podría alcanzar los 400 millones de dólares anuales por lo que era impostergable hacer uso de las tijeras.

 En una ocasión el señor Strauss-Kahn llegó a considerar al FMI como “una verdadera fábrica de papeleo” y sentenció que los despidos se harían de manera escalonada durante el lapso 2008-2010, pero… 

 Cuando en abril pasado 380 empleados del FMI estaban recogiendo sus papeles  para  despedirse de su empleador  ya había llegado la crisis económica mundial (que les tomó de sorpresa) y con ella la reunión  del  Grupo de los Veinte (G-20) integrado, en grado sumo,  por los  países ricos. 

 Cierto: el G-20 prestó atención a las solicitudes de los países subdesarrollados para  que se inyectase más recursos financieros a los organismos crediticios multilaterales para que éstos otorgaran préstamos flexibles para poder enfrentar el impacto de la profunda y extensa crisis económica mundial.

 Se ha triplicado la capacidad crediticia del FMI hasta 750 mil millones de dólares, al tiempo que a sus arcas llegaron 250 mil millones en Derechos Especiales de Giro (DEG), que es su moneda virtual (contable). 

 En estos tiempos de crisis económica mundial el mundo subdesarrollado ha visto con mucho interés la puesta en práctica del Flexible Credit Line (o línea de crédito flexible) dispuesto por el FMI. Se usaría para atenuar el impacto de la crisis.

 Dicen que a la nueva línea de crédito flexible se accede sin someterse a  las exigencias de las rígidas condicionalidades macroeconómicas a que son típicas al exigente y controversial FMI. Tanta belleza no parece cierta…

 El tiempo dirá si esa línea de créditos flexibles abierta por el FMI se hizo pensando en soluciones financieras para las economías subdesarrolladas o para eliminar su propio déficit presupuestal y mejorar sus finanzas.

El Nacional

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