Sería una insensatez atribuir la volatilidad (sube y baja o variaciones) de los precios internacionales del petróleo a factores tradicionales expresados en la oferta y demanda del crudo, dejando de lado un componente clave en las operaciones comerciales de los commodities (materias primas): la especulación.
En el ámbito de la economía la especulación es el ejercicio de cualquier tipo de actividad económica cuyo objeto es solo la obtención de ganancias, sin mediar el aporte de algún producto o servicio que incremente la riqueza de la sociedad. La especulación relega el proceso productivo de la sociedad a un plano secundario.
Hay quienes sostienen que la especulación es una práctica comercial normal muy generalizada y que sirve para regular indirectamente los mercados, favoreciendo tanto al especulador como a los consumidores.
Ahora bien, no nos referimos a la especulación tradicional presente en las transacciones comerciales y financieras propias de la economía capitalista desde sus orígenes.
Desde hace poco más de veinte años, y en el marco de la globalización y la desregulación de los flujos de capitales, la economía mundial ha estado sometida a una voraz y criminal especulación: la implementada por voraces inversores e instituciones financieras en los denominados mercados de futuro.
Ahora el mundo asiste a una novedosa y criminal especulación: la ejecutada por inversores e instituciones financieras en los denominados mercados de futuro, donde comercializan no ya petróleo físico, sino petróleo de papel, si se permite la expresión.
Téngase en cuenta que alrededor de las dos terceras partes del petróleo que se negocia en el mundo es comprado y vendido por inversores vinculados a bancos y fondos de pensiones.
Se recordará que en el mercado de futuros de Estados Unidos existía una relativa restricción a las especulaciones al reservarse cerca del 70 por ciento de la producción de materias primas a los consumidores (empresas y gobiernos). Al liberalizarse todo el mercado las entidades bancarias impusieron sus reglas de juego.
Un especulador de los citados mercados llegó a confesar a una fuente periodística europea lo siguiente: No me fijo en el barril físico de petróleo, más bien negocio su precio, fijándome en la ganancia que puedo obtener.
El problema es que no se compra petróleo, los especuladores compran y venden un papel» (el futuro) que no es más que una promesa de entrega de un bien a un precio determinado en un momento concreto.
Hay quienes sostienen que las condiciones ajustadas de los fundamentos del mercado constituyen el principal factor de impulso de los precios. Nada más falso. En la actual especulación financiera las cotizaciones del petróleo caen dentro de operaciones bursátiles propias de una economía-casino, postergando a la producción real.
Y que la especulación financiera en las operaciones de futuro determina, en grado sumo, el comportamiento de los precios internacionales del petróleo.

