Una nación agradecida recuerda hoy al general Gregorio Luperón, protagonista de la Guerra de la Restauración de mayor ascendencia militar y política, cuya devoción patriótica, valor personal y talento castrense lo convirtieron en la Primera Espada de la República.
Al conmemorarse el 170 aniversario de su nacimiento en Puerto Plata, la República recuerda sus hazañas militares en contra de la anexión a España, que se iniciaron cuando apenas contaba con 22 años de edad, pero ya a los 25 ostentaba el rango de general.
La historia consigna también al general Luperón la distinción de ser pionero en la lucha contra el colonialismo estadounidense, pues combatió al régimen de Buenaventura Báez, reintegrado bajo la influencia de Washington.
Por su valor y arrojo en los campos de batalla, el joven Luperón se ganó la confianza de los líderes del movimiento restaurador, generales Gaspar Polanco, Pedro Pimentel, Benito Monción y Ramón Matías Mella, quienes de inmediato le otorgaron el rango de coronel.
De origen humilde, escasa instrucción, pero grandes dotes militares y acendrado liderazgo político, el general Luperón alcanzó la presidencia de la República en 1879, pero durante un viaje a Europa, uno de sus alumnos, el general Eulises Heureaux, se alzó con el control del Poder y del país.
Puede decirse que el general Luperón fue un soldado que sirvió a la causa redentora con devoción hasta la hora de su muerte, acaecida en su lar nativo, en 1897.
Las generaciones presentes y futuras tienen en el general Luperón a uno de los más valiosos activos históricos y genuino referente de patriotismo, valor, arrojo, entrega, lealtad y gran espíritu revolucionario.
Con gran fervor patrio, los dominicanos reverencian hoy la memoria de la Primera Espada de la República.