El asilo político que acaba de solicitar el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, en la embajada de Ecuador en Londres, puede ser el botón de los riesgos a que se expone el periodismo que osa cuestionar el poder. Tras agotar todos los medios para evitar que lo extraditen a Suecia, como paso previo para ser juzgado en Estados Unidos, Assange ha optado por una salida diplomática. A nadie le cabe la menor duda de que es víctima de una treta patrocinada por Washington y el Reino Unido en represalia por la revelación tanto de la doble moral de la diplomacia estadounidense como por las atrocidades cometidas en Afganistán e Irak. Aunque todos saben que se trata de un ardid la extradición a Suecia para ser procesado por presunta violación sexual, Assange ha sido prácticamente abandonado a su suerte. En tal sentido, consciente de lo que le espera, ha tomado la decisión de buscar asilo político en Ecuador. Su caso evidencia los desafíos a que se expone el buen periodismo, ése que según un ícono como Gay Talese ha perdido la facultad de cuestionar.

