La respuesta de Venezuela, Argentina y Brasil al golpe de Estado contra el presidente de Paraguay ha sido tan contundente como aleccionadora. Se ha sentido de tal manera que la destitución de Fernando Lugo se ha convertido en una crisis para la región. El presidente Hugo Chávez ha cortado el suministro de petróleo a Paraguay y el Mercosur lo ha excluido de la cumbre que celebrará en Argentina. Brasil y Argentina también han llamado a sus embajadores. La oligarquía paraguaya no le permitió a Lugo siquiera defenderse. Chávez, además de cortar el suministro de petróleo, cuyas condiciones son un balón de oxígemo para una nación con tantas carencias, decidió retirar su embajador. No era que Lugo había perdido facultades para gobernar, sino que la derecha aparcó sus diferencias para defender sus intereses. Aunque el golpe no haya sido tan vulgar como en Honduras. El Gobierno de facto encabezado por Federico Franco, quien ocupaba la vicepresidencia, ha encontrado un rotundo rechazo y aislamiento que dificultará su gestión.

