Si no una, dos veces se repite la historia, a decir de Marx. Da vergüenza y coraje que, en pleno siglo 21, cien años después estemos replicando un episodio histórico tan repugnante y oprobioso como la Era de Trujillo. Esto no debería estar pasando. La sola posibilidad es pavorosa.
Las mismas señales con siniestros personeros asoman despuntando esta tercera década con oscuros presagios que nos retornan a la misma etapa en el pasado siglo.
Trujillo saca de juego a valiosos hombres -Rafael Estrella Ureña, entre otros-, y sepultado el liderazgo de dirigentes como el presidente Horacio Vásquez. El escenario podrá ser diferente, pero no así el curso de los hechos ni el comportamiento de esta caricatura de caudillo en que ha devenido Danilo Medina.
Que para recrear el triste cuadro del lamentable Dictador en cierne, se hace representar de una persona muy cuestionada en diferentes aspectos, y rodear de un coro de bocinas presto a entrar en complicidad con una nueva afrenta política en carpeta.
Cuando no pudo seguir con la farsa de una democracia, Trujillo debió hacerse de títeres que interpretaran pie juntilla el plan de saqueo voraz y apropiación de los bienes públicos iniciado con su toma de poder en el 1930.
El tirano que nos subyugó 31 años utilizaba hombres aparentemente pensantes.
Obvias discordancias que insultan la dignidad e inteligencia de este pueblo, desde el dominicano más llano y sencillo hasta el más preparado, y esto incluye al propio PLD.
El asunto es que el plan de apropiación y tiranía está en marcha en estos comicios con la repartición de prebendas entre los que están siempre en oferta al mejor postor, y los que reciben las indignas migajas que los empobrece más aún. Siempre la pobreza como caldo de cultivo de la maldad y el robo. Pero, afortunadamente, soplan fuertes vientos para sofocar esta nueva conjura contra el Estado dominicano y el bienestar de la nación.
Por: Eduardo Álvarez
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