Uno se asombra al constatar que personas inteligentes recurren, como la mayoría de los miembros del PLD, a la simpleza de meter miedo con el PRD como argumento para reclamar adición a la candidatura del partido oficial. De ellas se esperarían mejores sustentos. Incluso, intentan establecer una supuesta diferencia entre el gobierno y el PLD, para lo cual no ofrecen una justificación, un hecho para fundamentarlo.
Si quisieran presentar como prueba la separación de Danilo del gobierno, habría que decirles que la falsedad de eso lo atestigua la simbiosis entre uno y otro a propósito del certamen electoral, en el cual, el candidato luce atrapado por la jefatura partidaria. Danilo y su grupo no pueden exhibir una sola propuesta, un proyecto que hayan intentado que se hiciera distinto a como lo ha sugerido y ejecutado ese gobierno respecto al cual pretenden convencer que representaría un cambio.
Abundan los motivos para disentir del PLD al haberse perdido la fe y adquirido la certeza de que la nación no puede esperar nada positivo de una élite partidaria envilecida ante el oropel del poder. Bastaría un mínimo de objetividad para corroborar este aserto.
¿Quién, con razón, podría esgrimir que Danilo es víctima de este gobierno? Intentó enfrentar a un líder que se cree y actúa como insustituible y el mismo Estado que en su oportunidad lo respaldó (a Danilo), para aplastar a otros, se puso de lado del Príncipe para avasallar a quien osó enfrentarlo. Me derrotó el Estado, lastimosa frase colocada en los labios de alguien que no ha rechazado el uso de fondos públicos cuando de beneficiarlo se trata.
¿Habría que recordar a quién contribuye ahora el patrimonio público? No se puede hacer historietas de poca veracidad con la pretensión de convencernos de lo inadmisible. De Danilo anhelar hacer el gobierno que Don Juan pretendía, otras hubiesen sido su trayectoria y actitudes luego del fundador perder influencia por razones de salud. El fue pieza clave en el diseño de la línea estratégica que asumió el partido a partir de los acuerdos con Balaguer que incluyeron convertirlo a él en presidente de la Cámara de Diputados por santa decisión del caudillo de la Máximo Gómez 25, quien delineó la manera de presentar al PLD como uno más de los partidos tradicionales dominicanos, a lo que se prestó esa dirigencia claudicante, tal como el tiempo y sus gobiernos se han encargado de demostrar.

