La necesidad suprema del pueblo dominicano es la prosperidad. Ese debe ser el proyecto principal de las fuerzas sociales alternativas, progresistas y populares. El informe anual PNUD 2005 lo dijo con honesta cientificidad: somos el país de mayor crecimiento económico relativo de América en los últimos 50 años. La oficialidad PLD neobalaguerista lo dice con orgullo: crecemos más del 7% anualmente ¿Dónde está la riqueza que el pueblo no disfruta?
La respuesta es que el poder político, los grupos económicos dominantes y las fuerzas externas no han querido darle al pueblo lo que le corresponde. ¡El pueblo ha sido estafado, burlado y empobrecido!
Un programa revolucionario mínimo debe incluir la recuperación de la mina de Pueblo Viejo, Cotuí o Barrick Gold; reempoderamiento de la Ley 87-01 de la Seguridad Social, desconectarla del sector financiero, insaciable y especulador, y dejarla actuar a favor del pueblo, pues, como dice el Manifiesto de Marx: El capital no es, pues, un patrimonio personal, sino una potencia social. Mínimo que se le entregue el 4% del PBI al sector Educación a la vez de desbrozarlo del burocratismo e ineficiencias; volver a diseñar una reforma agraria, esta vez integral, incluyendo las justificadas inquietudes sobre el calentamiento global, la filosofía verde, considerando que el campo hoy es la mayor promesa.
Este proyecto tiene que darle un ultimátum al sector eléctrico: o mejora sustancialmente el servicio o ¡e pa fuera que van!
Es necesario organizar el sector informal, proteger y potenciar a las micro y pequeñas empresas; borrar del diccionario nacional el término mano de obra barata. Organizar y humanizar el transporte. Disminuir la deuda externa. Pagarles bien a policías y militares y educarlos. Enfrentar el narcotráfico y la corrupción.
El lema de esa revolución es: ¡Dios, Patria, libertad, prosperidad!
Ese proceso es una verdadera revolución; pacifica, democrática, ciudadana, de creyentes, contra los partidos del sistema, contra los poderes económicos, sin compromiso social, contra los apátridas, que son los menos. ¡Prosperidad o muerte; ven

