Opinión

PUNTOS… Y PICAS

PUNTOS… Y PICAS

El crimen contra Ana Estela Diloné es uno de tantos, adquiere relieve y trascendencia por ser madre del más excitante jugador del béisbol nacional, circunstancia que debería servir para reflexión profunda del rol del Estado ante la delincuencia e inseguridad ciudadana.

Es un hecho deplorable, conmovedor y revelador del nivel alcanzado por la criminalidad, que debe llamar la atención para ahondar en causas, consecuencias y búsqueda de soluciones.

La manera como fue ultimada la madre de Miguel Diloné la madrugada del sábado en su residencia de La Joya, los acusados, el móvil del crimen y la vinculación emocional y geográfica de imputados-víctima, le dan connotación.

El hecho fue resuelto por la Policía, que lo pasa al Ministerio Público en menos de 24 horas, tiempo record que le merece reconocimiento por presteza y efectividad investigativa, y provoca una obligada interrogante: ¿Por qué otros crímenes no tienen también solución rápida.

El bien más preciado, la vida, no podrá ser devuelto. El caso, sin embargo, sirve para que autoridades enfoquen respuestas, más allá de esperada condena ejemplar.

La delincuencia tiene múltiples causas, entre ellas marginalidad e inequidad social, males de fondo y sistémicos, pero también la irresponsabilidad paterna y materna contribuye, sobre todo cuando hay menores de edad arropados por la criminalidad. En el caso Diloné hay uno.

La drogadicción es caldo de cultivo. Deriva en conexidades criminales complejas con cabezas intelectuales protegidas e inmunes a la justicia. Son quienes se benefician de rateros y delincuentitos, del producto de fechorías adquiriendo bienes robados.

La justicia penal tiene que contrarrestar esta impunidad. Quienes compran bienes robados como prendas, en el caso Diloné, y metales, deben ser considerados imputados y sancionados ejemplarmente, porque de seguir como hasta ahora, este tipo delictivo no les tocará.

El asunto no es que la Policía siga matando supuestos delincuentes y se le aplauda, ni que continúen los desacreditados “intercambios de disparos”, es ir al fondo de la creciente criminalidad y enfrentarla con participación comunitaria activa y educación doméstica de autoridad paterna.   

El Nacional

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