Por su formación inicial como miembros de partido de cuadros, los peledeístas saben conceptualizar, es decir, construir juicios, ideas u opiniones al expresar el pensamiento con palabras y esto le ha redituado al ejercer el poder político con aura de intelectualidad y superioridad.
La aceptación general, interna y externa, fue encarnada por el líder partidista y pasado presidente, reconocido como conceptualizador, teórico, internacionalista y hasta sofista, considerado tan buen conversador como encantador de serpientes, capaz de adormecer cualquier mortal.
Esa aura, sin embargo, parece desvanecerse luego del discurso de Leonel Fernández para explicar el hoyo fiscal dejado por su administración, exposición que no convenció al público y, por el contrario, generó casi un levantamiento popular de la clase media indignada que se siente estafada.
La legalidad y legitimidad han quedado erosionadas. Las acciones del gobierno pasado rayan en ilegalidad, evidente en flagrantes violaciones a preceptos cuyo cumplimiento está a cargo del Poder Ejecutivo, no más con citar el presupuesto que es ley general de gastos e ingresos del Estado.
El Congreso Nacional toma igual camino con la aprobación irregular de la ley 253-12 sobre el fortalecimiento de la capacidad recaudatoria del Estado para la sostenibilidad fiscal y el desarrollo sostenible (pura conceptualización peledeísta) que por su contenido es indudablemente ley orgánica.
En la Cámara de Diputados esta ley de planificación e inversión pública (artículo constitucional 112) fue aprobada violando la mayoría de 2/3 de votos afirmativos de los presentes, pero se queda así porque estos congresistas son transgresores de la Carta Magna que ellos mismos sancionaron.
Son apenas ejemplos.
Con sus conceptualizaciones, enorme control político estructural de poderes públicos, más capacidad económica acumulada con negocios desde el Estado, el grupo dominante se coloca por encima del bien y del mal para hacerse inmune e impune a sus ilegalidades e indelicadezas.

