Proeza aguilucha
Las Águilas Cibaeñas volvieron a escribir una página inédita en la historia deportiva al ganar su corona 22 como equipo campeón del béisbol nacional, además de vencer pronósticos desfavorables, enfrentarse a novenas más poderosas y recuperarse dos veces al borde de la eliminación.
Una palabra explica esa hazaña, más allá de análisis técnicos y de “sabermetría” de la pelota moderna, la mística deportiva del equipo aguilucho, entendida como identidad, pertenencia y pasión por ese conjunto, sus héroes y grey que permite lograr experiencias casi divinas en el éxtasis de la victoria.
Puede decirse que “el peso de la camiseta”, la fuerza de la tradición, el orgullo del santiaguero y cibaeño con sus símbolos, casos del río Yaque, las marchantas, los coches, el Monumento a la Restauración como iconos de identidad y pertenencia, así también Águilas Cibaeñas.
En el papel, como dicen en la jerga beisbolera, los conjuntos vencidos por los amarillos en semifinal y final eran superiores y ambos colocaron a los hoy campeones a una derrota para ser eliminados y, sin embargo, en ambos casos cual milagro o ejemplo único, el águila resurgió de las cenizas.
Esta proeza aguilucha no ocurría en los últimos 32 años de historia de series finales de siete juegos, fue en año atípico limitado por la pandemia y en paradoja con mayor calidad atlética que a pesar de no permitirse público en general en estadios, tuvo un nivel de competencia sin precedente.
Al recoger los bates al final del campeonato y resaltar garras del ave imperial símbolo y orgullo del popular equipo amarillo, es justo reconocer a los involucrados y aportes del gobierno para que el pueblo disfrutara su pasatiempo favorito, marca país, y pudiese decir “las Águilas son las Águilas”.
Por: Carlos Manuel Estrella
cmestrella_@hotmail.com

