La fotografía de portada de Diario Libre (martes 4-9-12) es dramática y elocuente. Retrata la realidad del Ecoparque Rafaey a solo dos años de la estrenada gestión municipal. Alrededor de 20 haitianos convertidos en buzos se amotinan cerca del camión recolector de desperdicios de un contratista del ayuntamiento de Santiago y ofrecen el espectáculo dantesco de emigrantes que sobreviven de esta labor, objeto de mejoría y controles.
Pero eso ya es historia, porque como titula el diario los haitianos se apoderan del basurero de Rafey, y echan por la borda, junto con otras realidades, todo esfuerzo, conjunción de voluntades, asesoramiento externo y financiamiento multimillonario local y extranjero.
La anterior administración municipal inauguró Rafey con nuevo esquema y concepto, para dejar atrás la rémora de problemas del vertedero de siempre que se transformaría en relleno sanitario, plan piloto nacional, con apoyo de agencias cooperantes extranjeras.
Ese respaldo no sólo consistió en recursos económicos, abarcó ayuda técnica, transferencia de conocimientos, capacitación, acompañamiento social de comunidades aledañas, entre otros asuntos vitales que se extinguen golpeados por la fuerza del pueblo.
La Agencia Japonesa de Cooperación Internacional, JAICA por sus siglas inglesas, la Xunta de Galicia y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, AECID, unieron talentos y recursos para dotar al país de este proyecto, bajo el mundialmente famoso método Fukuoka que certificó personal local.
La contraparte nativa fue destacadísima con empresarios representados en la Corporación Zona Franca Industrial aportando 75 millones de pesos y la Cámara de Comercio y Producción se encargó de capacitación humana del entorno, en un esfuerzo conjunto de impacto presente y futuro.
Los buzos fueron capacitados, se aprovecharon talentos para otras labores del ecoparque y se reglamentó su labor. Se proyectaron más equipos, nuevas facilidades físicas incluyendo edificación para reciclaje y se alejó el componente partidista de la gestión de residuos sólidos.
Pero, todo ha sido derribado en dos años. Y mientras más se bate la basura, más fétida está, en dislocado y discontinuo gobierno edilicio.

