Emulando un mercado persa, las sociedades actuales son centros de negocios, en donde el ser humano, en el afán de a veces sobrevivir, se convierte en una mercancía, dejando atrás las individualidades que le caracterizan.
Las personas hasta de sus nombres tienden a abominar, como forma de hacer “vendible” su existencia. Verbigracia: Reginald Kenneth Dwight, quien al final resultó ser el cantante Elton John.
En esa tesitura también están el vocalista de Maná, José Fernando Olvera Sierra, apodándose Fher; y Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, Pablo Neruda.
Cuando para Los Siete Días con el Pueblo de los 70 llegó al país Guadalupe Trigo, se esperaba alguien del sexo femenino.
En Honduras hay una gran influencia de la Virgen de Suyapa, por lo que muchas personas tienden a llamarse José Suyapa, María Suyapa; en la República Dominicana por la virgen de la Altagracia, encontramos muchos José Altagracia, Ramona Altagracia.
Muchos personajes históricos tienen nombres larguísimo, como Simón Bolívar, quien en su acta de nacimiento aparece como: Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Ponte Palacios y Blanco.
Hay quienes han roto el “nombrómetro”; tal es el caso de Diego Rivera que su verdadero nombre es: Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de la Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez. Debe ser un calvario llamarse: Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Cipriano de la Santísima Trinidad Ruiz y Picasso. (¡Uf! Déjelo en Pablo Picasso).
¿No será un tormento llevar a cuesta el llamarse Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart?
A Jorge Luis Borges lo declararon como: Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo.
Nuestra creadora del Himno a las Madres, Trina de Moya respondía al nombre de: María de los Àngeles Trinidad de Moya Pérez.
¿…Y es fácil?

