Opinión

¡Qué país!

¡Qué país!

Negar a su país es renunciar a su cultura, su raza y sus raíces; es negarse a sí mismo. Pero hay una vieja máxima que reza: “No hay mayor ciego que aquél que no quiere ver”.

          Y para tener una descripción aproximada del país que somos sólo hay que observar el tránsito vehicular en República Dominicana. Prevalece el egoísmo, el individualismo, la falta de conciencia ciudadana y, consecuencialmente, de educación.

          Pero el tránsito es un solo ejemplo, nuestro país es desordenado en todos los órdenes. Y la falta de conciencia y de educación es la causa para que el grueso de los ciudadanos ignore sus derechos elementales y exhiba un conformismo comparable con el de los pueblos más atrasados del África.

          Somos el único país que cuando la energía eléctrica llega, después de ocho y diez horas de apagones, la gente aplaude, como si se tratara de un regalo, no de un servicio que se paga, pero que no se oferta y con el que se daña la calidad de vida a los dominicanos.

         En nuestro país hay violencia y criminalidad permanente. Nadie tiene su vida segura y pese a que el presidente, el dominicano mejor informado, conoce exactamente sus causas, nada hace para combatirla y prioriza, en su discurso, los temas internacionales, en un irresponsable y pedante ejercicio intelectual.

          Somos un país donde los funcionarios públicos se roban el dinero del pueblo y el partido gobernante usa todos los recursos del Estado para “ganar elecciones” y después hace una reforma tributaria para reponer los recursos. Y la justicia de Subero Isa ve todo correcto, incluyendo el caso de la Sun Land. ¡Qué país!

El Nacional

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