Opinión

QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

Constitución y Vargas

El magistrado José Alejandro Vargas Guerrero, Juez del Octavo Juzgado de la Instrucción del Distrito Nacional, en funciones de la Oficina Judicial de Servicio de Atención Permanente del Distrito Nacional, está siendo objeto de cuestionamientos. Su decisión de poner en libertad al imputado Pedro Alejandro Castillo Paniagua irritó a ciertos sectores. Ese señor es presuntamente un sicario. Se le acusa de dar muerte por encargo al ciudadano español Adolfo Cervantes Arellano (Waikiki).

 Los jueces son soberanos para tomar las decisiones que consideren pertinentes sobre los casos de que están apoderados. Sólo están obligados a respetar el Bloque de Constitucionalidad, las normas adjetivas y las pruebas que reposen en el expediente. Si las medidas que dictan están sometidas a esos elementos, los magistrados cumplen con su deber de hacer justicia. Así lo manda el ordenamiento jurídico. No hay otra forma de decir el Derecho. Lo contrario sería violar los derechos que tienen las personas de ser procesadas conforme a las reglas judiciales establecidas previamente.

 Muchos suelen emplear la palabra prudencia para estigmatizar las sentencias que no se corresponden con sus aspiraciones. Se extreman frente a un caso que tiene resonancia pública. La prudencia es un concepto muy subjetivo. Depende del que lo invoca. Pero jamás puede ser un pretexto para negar la justicia. Es una excusa de los malos jueces.

Algunos se atreven a calificar de imprudente al juez que aplica el sistema de justicia sin populismo de baja ralea. Prefieren al magistrado que niega su alta misión y se muestra cobarde ante las críticas. Su cobardía lo hace corrupto, aunque no reciba dinero. Tiene miedo de resolver el caso del cual está apoderado. Este falso juez es capaz de condenar al inocente y negarle el derecho fundamental al ciudadano con tal de evitarse el cuestionamiento público. Con jueces así muere la justicia y reina la anarquía.

 Por fortuna, el magistrado Alejandro Vargas es la negación del juez cobarde y corrupto. Es honesto, capaz y responsable. Su trayectoria ejemplar habla por él. Lo conozco bien. Tuve el honor de tenerlo como alumno en varias materias durante sus estudios universitarios de Derecho. Interactué con él en la Escuela Nacional de la Judicatura. Sé de su condición de autodidacta y los valores morales y éticos con que está formado. Es un hombre de carácter. Tiene un alto sentido de la dignidad y el decoro. Jamás sería un juez complaciente ni se prestaría para componendas que manchen la solemnidad de su ministerio. Ojalá tuviéramos muchos jueces como Alejandro Vargas.

 En una sociedad democrática los jueces pueden ser juzgados. No somos dioses. El juicio podrá ser interno o externo al Poder Judicial. La libertad de expresión y la sana crítica son derechos sagrados. Debemos respetarlos. También hay que respetar el derecho y el deber constitucional de los jueces a decidir conforme al sistema de justicia. Y nada más.

El Nacional

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