Abinader vs. corrupción
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El hecho de que el licenciado Luis Abinader se haya convertido en jefe de Estado, lo hemos dicho en otros escenarios, representa el más serio y comprometido esfuerzo de lucha contra la corrupción administrativa que hemos tenido en los últimos tiempos. No fue accidental, ni coyuntural, ni una simple promesa electorera la afirmación del candidato presidencial del Partido Revolucionario Moderno (PRM) de que crearía un Ministerio Público independiente.
Fue producto de un sincero convencimiento. Sobre todo porque sabe que el combate contra el robo y demás lacras que afectan los fondos públicos no tiene sentido sin una política oficial anticrimen que no obedezca a lineamientos partidarios.
Mas aún, el presidente Abinader está comprometido con lo mejor de la clase social dominante de este sistema capitalista pobre, dependiente y atípico. O sea, con nuestra pujante burguesía, que aspira a convertirse en clase social gobernante.
La tesis de Juan Bosch sobre la arritmia histórica que ha experimentado nuestro país mantiene su vigencia. Por eso tenemos sectores sociales dominantes y nos falta que surja la clase social gobernante.
El atraso social, económico y político que hemos padecido no ha permitido que los sectores predominantes de la nación se erijan en gobernantes.
Se han conformado con ser dominantes y, como tales, tratan de sacar del Estado, con métodos corruptos, todo el beneficio posible, y en el menor tiempo. Y lo hacen para mantenerse en la actividad política sin preocupaciones económicas. No tienen visión de nación, sino de individuos y de grupos. Si fueran gobernantes se preocuparían primero por la estabilidad del país, su progreso real y el bienestar general.
Esa arritmia histórica nos yugula. Debe conocerse bien para comprender nuestra realidad y la corrupción administrativa. Se remonta a tiempos de la conquista y colonización de la isla, a partir del 1492. La corona española envío guerreros sanguinarios, sin criterios civilizadores, ni capacidad para la producción económica. Y ni querían ni sabían trabajar.
Luego aplastaron la posibilidad de avanzar en la economía con las despoblaciones del gobernador Antonio de Ozorio en 1605.
Castró el comercio en la parte occidental de la isla.
Cuando los pueblos del continente se aprestaban para independizarse, aquí se luchó contra los franceses. Los derrotaron para proclamar la Reconquista o vuelta al coloniaje español, en 1809. Así surgió la llamada España Boba, por el abandono en que nos sumieron.
Para comprobar la ironía histórica en la isla, basta con saber que aquí se peleó contra los franceses y se buscó volver al dominio de la península hispánica cuando Francia, con Napoleón a la cabeza, dominaba a España. Insólito, pero cierto.
Por. Rafael Ciprián
rafaelciprian@hotmail.com

