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Quintaesencia

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Rafael Ciprián

Derechos y favores

Por: Rafael Ciprián
rafaelciprian@hotmail.com

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La nación dominicana, desde los orígenes del proceso histórico para su conformación, ha estado condenada a desarrollarse dando tumbos, más en base a los fracasos que a los aciertos que ha tenido. Se parece mucho al ciego que avanza tropezando, y se cae con el impulso hacia adelante.

Eso se puede comprobar con un simple vistazo a nuestro devenir histórico. Recordemos la llamada Guerra de la Reconquista. Juan Sánchez Ramírez derrotó militarmente en 1809 la ocupación francesa de nuestro territorio para devolverle a España la colonia que ella había cedido legalmente a Francia, mediante el tratado de Basilea de 1779. ¡Qué contrasentido!

Y España nos hizo poco caso, dejándonos en un período de miseria espantosa, conocido como la España Boba. Todo porque los naturales de entonces mendigaban el favor del coloniaje en lugar de ejercer con dignidad el derecho a la soberanía e independencia.

Más: José Núñez de Cáceres intenta una especie de independencia en el 1821, sin contar con la sustancia social necesaria, porque como oligarca esclavista y líder de ese sector no fue capaz de declarar la abolición de la esclavitud. No tuvo los hombres para formar un ejército que sustentara su idea.

Y como sabía que no tenía el poder real interno, buscó el apoyo de la Gran Colombia. Pero ni pudo hacer contacto con Simón Bolívar. Este gran libertador tenía una deuda inmensa de gratitud con Haití.

Haití, con Jean-Piere Boyer a la cabeza, ocupó en 1822 la parte oriental de la isla. Sin disparar un tiro, mató la pretensión ilusa de Núñez de Cáceres, quien ni resistió. Todo porque el autor de la independencia efímera buscaba favores en lugar de hacer respetar los derechos del pueblo.

Veintidós años después, en 1844, materializamos la separación, más que independencia de Haití. Juan Pablo Duarte y los trinitarios querían ejercer el derecho a la soberanía de la nación dominicana, pero eran pequeños burgueses en minoría.

Los hateros y remanentes de la oligarquía, capitaneados por Pedro Santana y Tomás Bobadilla, no creían en las ideas de Duarte. Buscaron los favores de una anexión a o de un protectorado de una gran nación: España o Francia o Estados Unidos de América.

Y Santana, que se sabía sin apoyo interno, por la extinción de los hateros, buscó el apoyo externo con la anexión de la República a España en 1861. Recibió el favor del cargo de Gobernador y el título feudal de Marqués de las Carreras.

Por las torpezas de los españoles, más que por deseos de los dominicanos, realizamos la Guerra de la Restauración, que triunfó en 1865.

Fueron tantos los abusos, discriminaciones, humillaciones e incumplimientos de promesas contra los dominicanos que casi todo el pueblo se incorporó por indignación a la lucha restauradora.

El Nacional

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