Teletrabajo
Los sabios orientales tienen razón cuando enseñan que toda crisis constituye una oportunidad. Y si se trata de una gran crisis, será una gran oportunidad, para los que saben y pueden aprovecharla.
La crisis que generó la COVID-19, que viene causando tanto dolor, muertes y pérdidas materiales en el mundo globalizado, no es una excepción.
Son muchos los sectores de la economía que se han arruinado con esta pandemia. También hay otros que completaron su agosto, como los laboratorios y demás negocios de la salud.
Entre las cosas buenas que está impulsando ese terrible virus es el teletrabajo. Contrario a lo que algunos creen, antes de la crisis sanitaria existía, aunque muy sectorizado.
Gracias al avance de las técnicas y de las ciencias; al elevado nivel de desarrollo del capitalismo, con la globalización, la robotización, la sociedad del conocimiento y la era digital, así como la complejidad de la producción de bienes y servicios, el teletrabajo es una necesidad.
Buscando mano de obra barata, entre otras causas, en ocasiones las partes de un artículo complejo se producen en diversos países y terminan ensamblándose en otro diferente. Es la aldea global de Marshall McLuhan.
El protocolo de salud, que impone el distanciamiento y la mascarilla, que ordenó el quédate en casa y el aseo constante, crearon las condiciones para que el teletrabajo tomara un auge inusitado.
Sabemos que el teletrabajo, conforme a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) es la modalidad laboral que permite al teletrabajador cumplir sus obligaciones desde un lugar distinto de las instalaciones de la empresa, utilizando las técnicas de la información y de las comunicaciones (TICs).
Ciertamente, para que el teletrabajo sea efectivo se necesitan las TICs. Esto es, los ordenadores o PC, el celular inteligente y conexión a la Internet; cámaras digitales, mensajería instantánea, correos electrónicos y hasta página web o blog, según el caso.
Nuestra Cámara Americana de Comercio realizó un estudio en julio de 2020 y determinó que antes de que nos golpeara la COVID-19, teníamos 64% de ocupación presencial y después de su impacto bajó a 6%. Mientras que antes de la pandemia teníamos un 14% de teletrabajo y con la crisis sanitaria se elevó a 80%.
Y un estudio de la OIT del 2019, reflejó que el teletrabajo es provechoso. Por una parte, baja el estrés laboral y los costos y, por la otra parte, incrementa la motivación del teletrabajador y su productividad.
Esa investigación fue realizada en varios países de Europa, como Bélgica, Finlandia, Francia, Hungría, España, Suecia, Alemania,Gran Bretaña, Italia; también en Estados Unidos de América, Japón y la India; además, en Argentina y Brasil. En efecto, el teletrabajo llegó para quedarse.
Por: Rafael Ciprián
rafaelciprian@hotmail.com

