Por Rafael Ciprián
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La tradición política en nuestro país, imitada de los Estados Unidos de América, es que los partidos políticos que pasan ala oposición le otorgan al nuevo gobierno una especie de tregua para los primeros cien días de su administración.
El presidente Luis Abinaderya disfrutó ese período. Y lo pasó, aprobándolo con calificaciones sobresalientes. Ciertamente, así es.
El presidente Abinader ha mantenido sus niveles de popularidad y credibilidad. Y eso es muy bueno para todos. Y más que estamos atravesando, conjuntamente con muchos países del mundo, incluyendo a las grandes potencias, por una tormenta perfecta.
Esa tempestad la está agudizando la pandemia de la COVID-19, con la crisis de salud universal que genera. Amenaza con hacer colapsar los sistemas de la seguridad social de los países víctimas de sus estragos. Ya se calculan más de 2,300 muertes y 138 mil contagiados en nuestro territorio, y en el mundo sobrepasan el millón 300 mil fallecidos y 59 millones deafectados.
A ese desastre se suma la crisis económica que teníamos antes de la aparición de la COVID-19, tanto en nuestro país como en el mundo. Y para nadie es un secreto que toda crisis económica genera inevitablemente una crisis social, y esta asciende, si no se implementan las medidas correctivas de lugar, a una crisis política.
Por tanto, la gobernabilidad y la paz social quedan amenazadas por esa cadena.
El presidente Abinader logró sortear con éxitos sus primeros cien días, no por pura casualidad, que es una categoría histórica, como nos enseñó Carlos Marx, el cerebro mejor amueblado del siglo diecinueve, y que en este medio se le llama chepa. Nada de eso.
Se debió a un trabajo tesonero, de más de quince horas diarias, del Presidente. Tan intensa fue y sigue siendo esa labor que el expresidente Hipólito Mejía manifestó su preocupación por la salud del jefe del Estado, debido al estrés laboral.
Se le ha criticado al Gobierno el incremento de la deuda pública, con los nuevos préstamos. Esto siempre es preocupante. Más si tomamos en cuenta que el monto de nuestra deuda pública ya sobrepasa el cincuenta por ciento, y pujando para llegar al sesenta por ciento del producto interno bruto (PIB). Lo que es muy grave para la economía nacional.
Lo ideal es frenar ese avance. Pero las condiciones en que recibió las arcas, imponen la obtención de recursos frescos con urgencia. Lo reclaman las presiones que genera la necesidad de mantener y crear medidas de asistencia social en esta etapa excepcional que vivimos y que debemos superar pronto.
El presidente Abinader mantiene su popularidad, entre otras causas, por el cumplimiento de su promesa de que la justicia actuaría con independencia. Así sea.

