Las agencias internacionales difundieron la noticia de que en Eslovenia, una lejana república del antiguo bloque socialista, se ha desatado un escándalo por la supuesta complacencia de las autoridades con la trata de cientos de mujeres procedentes de República Dominicana que reciben visados de trabajo como bailarinas, pero que en realidad ejercen la prostitución. Un diario y un canal de televisión destaparon el escándalo en el que se involucra a un ex legislador y varios altos funcionarios del gobierno. La denuncia fue hecha nada menos que por el Departamento Consular del Ministerio de Relaciones Exteriores de Eslovenia, cuyo vocero se refiere al tema también como una forma de explotación en perjuicio de centenares de mujeres dominicanas. Ese escándalo constituye un motivo de vergüenza para el gentilicio dominicano que aparece en la prensa internacional como gran exportador de prostitución a toda Europa. Ojalá que la cancillería dominicana se dé por enterada ante esta enojosa situación y que algún embajador o cónsul concurrente se motive a defender los derechos de esas jóvenes abusadas.
Abuso infantil
El Gobierno estima en más de 200 mil el número de niños, niñas y adolescentes que participan en el mercado laboral, en violación a leyes y convenios internacionales que prohíben esa forma de explotación de la mano de obra infantil. Entidades de la sociedad civil calculan en más de 300 mil los menores que trabajan en diversas actividades económicas, cifra escandalosa, pues en una sociedad que se precie de civilizada, los niños están la mayor parte de su tiempo en las escuelas, hasta que adquieran la edad de pertenecer a la población económicamente activa. La única manera que la ley prevé la participación de adolescentes en actividades económicas remuneradas es en condición de aprendizaje, bajo supervisión de las autoridades de la Secretaria de Trabajo. Claro, tal disposición es letra muerta, porque aquí no hay regulación sobre esa materia, a pesar de que el Estado tiene la obligación de proteger a los menores.

