El nuevo jefe de la Policía, Manuel Castro Castillo, ha despertado muchas expectativas en su gestión. No por sus declaraciones, sino por las acciones que sin la menor estridencia ha adoptado desde que asumió el cargo.
Es notorio en ese sentido la magnitud de los cambios que introdujo en el cuerpo, los cuales no se limitan a las tradicionales remociones que disponen los recién designados, sino que son más profundos pues apuntan hacia una reestructuración del cuerpo. Por lo menos en 10 puestos de responsabilidad y sensibilidad Castro Castillo nombró coroneles jóvenes, pero profesionales, en sustitución de generales. Esa decisión evidencia de por sí que el nuevo jefe de la Policía tiene la intención, o la encomienda expresa del presidente Danilo Medina, de restaurar, dentro del actual esquema, la imagen del cuerpo.
O de preparar la transición frente a la transformación de que tanto se ha hablado. A pesar de las muertes de un teniente de la Fuerza Aérea y otra del Ejército desde el lunes hasta la fecha, tanto las medidas como su propia designación generan esperanzas en la lucha contra la criminalidad y la delincuencia que se propagan por el territorio. Aunque no sean todas las que realmente se requieran para convertir en realidad el orden y la seguridad ciudadana.
