Distensión Cuba-OEA
Tras el apretón de manos en Sudáfrica entre los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, adonde habían viajado con motivo del sepelio de Nelson Mandela, nuevos aires soplan en la región y particularmente en las relaciones de Estados Unidos y Cuba. Tal vez no sea resultado del encuentro, pero la invitación al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) para participar en La Habana en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac) se inscribe dentro de la nueva era que marca la diplomacia latinoamericana.
Desde 1962, cuando Cuba fue expulsada del Sistema Interamericano acusada de exportar su revolución, no se había producido el menor acercamiento con la OEA hasta la invitación de Raúl Castro a José Miguel Insulza, a quien por demás no se puede calificar de troglodita, para participar en el encuentro pautado para los días 28 y 29 de este mes.
El acontecimiento, cargado de simbolismo, coincide con los indicios de apertura económica y el deshielo en las relaciones de Estados Unidos y la Unión Europea con el régimen de La Habana. Aunque los cambios políticos todavía no se han efectuado no deja de ser significativo que Cuba tiene hoy un discurso menos beligerante, incluso frente a la propia OEA.

