El derribo de otra eléctrica para cargar con las barras y angulares ratifica que los ladrones de metales no remen ni respetan nada. La tentativa de desmantelar a mandarriazos piezas del puente Duarte es una de las hazañas más asombrosas de las brigadas que tienen en el robo de metales su principal fuente de sustentación. Pero no deja de impresionar que los exploradores de la versión moderna de la fiebre del oro desmantelen acueductos, como ocurrió en una comunidad de San Cristóbal; derriben puentes e incluso uno haya sido sorprendido con una estatua al hombre de un Budo del Barrio Chino. Desde hace tiempo el cableado de las telefónicas, las verjas de diferentes entidades y ahora las torres de transmisión de electricidad constituyen los principales blancos de los ladrones de metales. Mucho se ha hablado, pero la fiebre de metales para fundir y exportar como chatarras no ha bajado. Y la mejor muestra es la torre eléctrica de 138 mil kilovatios que fue derribada en el kilómetro 15 del cruce de Azua para cargar con las barras y angulares. En septiembre la Corporación de Empresas Eléctricas Estatales (CDDEEE) había denunciado que otra torre fue derribada en Bonao para desmantelarla. La operación es un abierto desafío.
¡Y tantas penurias!
Por falta de entidades debidamente institucionalizadas y transparentes, el país deja de recibir cada año millones de pesos que podría destinar a labores sociales. En una nación con tantas necesidades la denuncia del director de CitiHope Internacional para el Caribe, Tim Tuccelli, llora ante la presencia de Dios. En un encuentro con Listín Diario, Bucelli, quien desarrolla con la Fundación Rica el programa Sanar una nación dice que la entidad que preside tiene que rechazar donaciones porque no tiene cómo canalizarlas en República Dominicana. La alarmante denuncia no es para sonrojarse, sino para entender la necesidad de fortalecer y transparentar las instituciones. Esa debilidad se ha convertido en castigo para millares de familias que precisan de toda suerte de ayudas y donaciones para mejorar sus condiciones de vida. Duele que la falta de organizaciones que actúen con transparencia sea, a estas alturas, un obstáculo para la cooperación internacional.

