En Venezuela
Diálogo de sordos
Por los términos que ha empleado el presidente Nicolás Maduro, el diálogo en Venezuela es una quimera destinada de antemano al fracaso. Antes que un encuentro para buscar salidas a la crisis que ha dejado alrededor de 40 muertos, Maduro dijo que quiere que se concrete el diálogo al que ha convocado a los dirigentes de la oposición “para poder decirles sus verdades en la cara”. “Son cobardes que no dan la cara y se esconden”, expresó el gobernante en alusión a los líderes de las protestas, uno de los cuales, Leopoldo López, está preso, y otra, Corina Machado, ha sido despojada de su curul como diputada. A petición de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), el gobernante aceptó dialogar, incluso con la presencia como testigo de un representante del Vaticano, pero con su ráfaga no hace más que minar el camino.
En la crisis de Venezuela no se puede descartar ningún propósito, pero tampoco negar que el desabastecimiento y la inflación han sido uno de sus principales caldos de cultivo. Como pinta el panorama, si Maduro no baja el tono el diálogo, aunque cuenta con la mediación del papa Francisco, resultará muy cuesta arriba. Las condiciones son cada vez menos propicias para un encuentro franco y sincero, con todas las cartas sobre la mesa.

