Se ha dicho que más de una docena de jueces designados en las Altas Cortes tienen raíces en los principales partidos del sistema, lo que en ningún modo constituye un valladar para ocupar esas posiciones. Lo que sí sería imperdonable es que en el desempeño de sus funciones, esos magistrados actúen o se comporten como marionetas de los partidos Revolucionario (PRD), de la Liberación (PLD) o Reformista (PRSC) o de cualquier otro ente partidario o corporativo. En una sociedad como la dominicana, difícil es pretender integrar a la Suprema Corte de Justicia, Tribunal Constitucional y Tribunal Superior Electoral sólo con personas asépticas, algunas de las cuales tienen su musiquita por dentro que bailan grupos empresariales y grandes oficinas de abogados. Los nuevos jueces que sin dudas proceden de litorales partidarios están compelidos a realizar un trabajo que satisfaga plenamente a la ciudadanía, de lo contrario habrá razones para preocuparse cada vez que un partido mete sus narices en algún órgano del Estado.
Narcos ingeniosos
El primer cargamento incautado en el aeropuerto Las Américas, la cocaína venía oculta dentro de unidades de rulos, pero ayer agentes de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) incautaron en esa terminal otro lote de drogas escondida dentro de seis unidades de yuca, lo que hace pensar que una camada de narcotraficantes ha tomado muy en serio las exportaciones de rubros agrícolas. Con mucho cuidado y mayor artitismo, los narcos procedieron a introducir polvo de coca en cada uno de muchos rulos que después de extraerles la pulpa los cerraban con el mayor cuidado. Algo similar ocurrió con las yucas que se enviarían a Estados Unidos rellenas de drogas, pero tal parece que gente de la DNCD también gusta de la agricultura y ha descubierto la novedosa forma de empaque y embalaje. Como para no olvidar métodos más usados, narcotraficantes forraron con diez kilos de cocaína los cuerpos de dos personas de una misma familia usadas como mulas para intentar llevar la droga desde Punta Cana hasta Canadá. Puede decirse que el narcotráfico nunca duerme.

