Página Dos

RADAR

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El Gobierno cubano dispuso el indulto de  dos mil 900 presos, incluidos 25 extranjeros y  algunos  condenados por cometer delitos contra el Estado, en lo que  se considera la mayor cantidad de  reclusos liberados por las autoridades cubanas, quienes además conmutaron la pena de muerte a decenas de reos  que serían ejecutados por la comisión de crímenes graves. El presidente Raúl Castro ha dicho ante la Asamblea Nacional que los reclusos liberados  tienen posibilidad de reinserción social y que  el indulto fue solicitado por la Iglesia Católica y por los familiares de los  favorecidos. Esa medida se interpreta como la primera señal que  envía La Habana ante  la anunciada visita en marzo del Papa Benedicto XVI a la isla, que  el presidente Castro ha adelantado que será recibido con  cariño y respeto. A la par con el indulto masivo, Raúl se ha referido a las reformas políticas y sociales  que  ha puesto en marcha el gobierno socialista, sobre  las que ha dicho se aplicarán de forma paulatina y se evalúan constantemente. Tal parece que  como proclamó el fenecido papa Juan Pablo II, Cuba se abre al mundo y el mundo se abre a Cuba.

El Papa molesto

El Papa Benedicto XVI aprovechó la  tradicional Misa del Gallo para clamar a Dios que “demuestre su poder” y “arroje su fuego sobre  la vara del opresor, la túnica llena de sangre y las botas de los  soldados”, como  forma de imponer la anhelada paz mundial. Un fatigado pontífice,  que  el domingo retornó a la Plaza San Pedro para pronunciar e impartir la bendición “Urbi et Orbi”, imploró a Dios  arrojar al fuego las botas estrepitosas de los soldados y la vara del opresor.  No hay dudas de que  el Papa se mostró el sábado y el domingo más enérgico que como de costumbre y que el tema de la paz  causa en él  tormentosa preocupación, que lo llevó a implorar  a Dios para que arroje fuego sobre los que provocan violencia.  Como  cuando  Jesús echó del templo a los mercaderes, Benedicto arremetió contra lo que definió como fiesta del comercio en lo que a su juicio se ha convertido la Navidad y proclamó que Jesús nació en un pesebre y no en palacio de reyes. Quien tenga oídos para oír, que oiga.

El Nacional

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