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Caos transporte

 

 

Si los agentes de la Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet) no interfirieran los semáforos sin ningún motivo, como ocurre con harta frecuencia, se valoraría mejor su esfuerzo por regular el tránsito. Pero los conductores se ponen que echan chispas –y con razón- cuando los agentes provocan unos infartantes tapones cada vez que se dedican a controlar el paso.

El lunes fue uno de esos días en que el tránsito se convirtió en un auténtico pandemonio en muchísimas vías en que los agentes regulaban el movimiento de vehículos. Mientras hasta cuatro agentes dirigían el tráfico de vehículos en diferentes intersecciones, las voladoras y carros del concho se detenían a coger o dejar pasajeros en áreas prohibidas.

Como el director de Amet, Pablo Arturo Pujols, ha declarado que está decidido a imponer el orden en las calles haría bien, para cumplir su loable propósito, en revisar el actual sistema. Puede estar plenamente seguro de que contará con el respaldo de la ciudadanía, siempre y cuando los agentes, en aras de cumplir con la ley, no se excedan en sus atribuciones. Todo el que viole las leyes debe ser sancionado, pero los agentes no pueden contribuir con el desorden a través de los irritantes tapones que provocan.

El Nacional

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