Agropecuaria
Más que desatender el campo, la verdad es que el Gobierno lo que ha hecho es estimular la producción agropecuaria. A menos que sean un espejismo las medidas que se han tomado y la inversión del sector privado en nuevas empresas para cultivar y procesar alimentos.
Hace apenas unas semanas que el presidente Danilo Medina inauguró la planta agroindustrial Los Ángeles en el municipio de Ramón Santana, San Pedro de Macorís, que se dedicará a la fabricación de quesos y yogur.
Su presidente Ángel Rondón Rijo dijo que en la planta y la hacienda del mismo nombre se invirtieron 260 millones de pesos y que en conjunto generarán 166 empleos.
Si bien la inversión del sector es una prueba de confianza, el Gobierno, como declaró el ministro Administrativo de la Presidencia, José Ramón Peralta, ha prestado atención especial al campo a través de financiamiento y apoyo técnico.
A tal punto –agregó- que por primera vez un sector como el lechero tiene una demanda que no está en capacidad de suplir.
Las quejas de algunos representantes de la agropecuaria contrastan con inversiones como la de Rondón Rijo, así como con el respaldo del Banco Agrícola y el Ministerio de Agricultura a los sectores productivos.
No está en bancarrota
El Vaticano, que se presumía estaba en bancarrota, se ha encontrado con la grata sorpresa de varios centenares de millones de euros en cuentas de ministerios que no estaban transparentados.
Hay quienes desde ya hablarán de una bendición a las reformas que ha emprendido el papa Francisco para devolver su papel a la Iglesia católica.
“Hemos descubierto que la situación (financiera del Vaticano) era mucho más sana de lo que parecía. Porque cientos de millones de euros estaban escondidos en varias cuentas sectoriales y no aparecían en los balances”, contó el cardenal George Pell, quien dirige el nuevo secretariado de Economía del Vaticano.
Al tiempo de dar cuenta del hallazgo, el obispo ha censurado el mutismo o la desconfianza con que se administraban los presupuestos. Los problemas se guardaban casi como secretos de Estado. Pero en aras de la transparencia, el papa Francisco ha dispuesto que tienen que ser aprobados los presupuestos de cada congregación y sus gastos controlados.

