Varios acontecimientos ocurridos en las últimas horas aumentan la tensión sobre el proceso político haitiano, a pesar de la mediación que ha iniciado la Organización de Estados Americanos (OEA) en procura de un acuerdo que evite una crisis política y social de consecuencias alarmantes. Oficialistas y opositores han tomado las calles en reclamo y en contra de elecciones, dando lugar a confrontaciones que dejaron un muerto en la localidad de Pilate, al norte del país.
Por otro lado el Consejo Provisional Electoral se ilegitimó todavía más con la renuncia, por presiones obvias, nada menos que de su presidente. Ahora, de nueve, solo quedan dos miembros en el cuestionado organismo.
El presidente Michel Martelly, que constitucionalmente cesa en el poder el próximo día 7, ha advertido que no dejará el mando si las fuerzas políticas y sociales no se ponen de acuerdo con la difícil tarea de elegir un gobierno de transición que, en un plazo prudente, convoque a elecciones.
La misión de la OEA tendrá no solo que acelerar sus encuentros, sino asegurarse de que los acuerdos sean respetados. Como pinta el panorama las perspectivas son inciertas en una nación fecunda para estallidos sociales cargados de violencia.

