El embajador de Estados Unidos ha vuelto a tronar contra la corrupción. Su preocupación, sin que nadie se llame a engaño, va más allá de las sentencias a favor de presuntos narcos.
Tiene que ver con el sistema político y judicial. Es lo que se desprende de la declaración en el sentido de que el país necesita justicia, evitar la impunidad y garantizar que todo el que cometa un delito va a pagar y va a recibir una condena.
Aunque también haya especificado que se necesita una reforma judicial y que se le ponga más atención a las acciones de los jueces. El diplomático ha sido sistemático en sus señalamientos de que se necesita actuar con más rigor contra la corrupción, porque se trata de un mal que afecta el desarrollo.
Las autoridades, por más que se hagan las desentendidas, saben perfectamente que no se trata de generalizaciones, sino que Yzaguirre alude a casos concretos. La vigilancia de los jueces es un aviso para el presidente de la Suprema Corte de Justicia, Mariano Germán, así como la necesidad de una reforma del sistema judicial.
El asunto de la impunidad va dirigido, más que al Ministerio Público, al propio Presidente de la República. Pero lo más obvio es la preocupación de Estados Unidos por la corrupción y la impunidad.

