La Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD) no acaba de dar pie con bola para normalizar el suministro de agua en diferentes sectores de la ciudad. Cuando no es una excusa, es la otra, pero los usuarios siguen sufriendo las de Caín para abastecerse de una gota del líquido.
Hacía mucho que la población no padecía crisis tan prolongadas a causa de supuestas averías o por interrupciones en el servicio eléctrico. En algunos barrios la gente tiene que caminar varios kilómetros para abastecerse de una lata de agua para el aseo o tareas del hogar. El agua de consumo, por más pobre que sea la familia, hay que comprarla en botellones.
El director de la CAASD, Alejandro Montás, ha atribuido la crisis a la salida de tres pozos con fines de reparación. Y a la promesa de que tan pronto se corrija la avería se normalizará el suministro del líquido. Siempre es lo mismo. Y, en honor a la verdad, resulta vergonzoso que en el siglo XXI y en plena era de la tecnología digital un país que se mercadea como ejemplo de desarrollo, que dilapida tantos recursos, tenga problemas sanitarios como la escasez de agua potable. Y peor aún, cuando el agua es un recurso que abunda, pero que lejos de aprovecharse se desperdicia en forma impune.

